Emprendedoras chilenas: Artesanas en crin de la localidad de Rari

En una pequeña localidad rural de la comuna de Colbún, existe un grupo de mujeres portadoras de un conocimiento ancestral con más de dos siglos de historia. Son las tejedoras de Rari, artesanas que confeccionan pequeñas piezas de cestería utilizando el crin del caballo como principal materia prima.

Sus tejidos dan vida a coloridas mariposas, hadas y libélulas, así como aros, rosarios pendientes y collares, entre otros objetos ornamentales. La minuciosa y delicada técnica de tejido, que sagradamente se traspasa de generación en generación, posee un valor histórico y simbólico invaluable, que ha permitido poner en el mapa a este pequeño caserío de la región del Maule.

La tradición dicta que, a partir de los cinco años, todas las mujeres del pueblo deben instruirse periódicamente en el armado de las piezas siguiendo las enseñanzas de las más expertas. Este aprendizaje es gradual y no concluye hasta que las principiantes dominen todo el proceso de producción, que incluye el lavado, teñido y peinado del crin, así como el tejido, entramado y terminaciones.

La labor de estas artesanas es tan valiosa que, en 2010, fueron reconocidas por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes como “Tesoros Humanos Vivos”, un galardón reservado exclusivamente para quienes conservan y promueven el patrimonio de nuestro país.

  • Ubicación: Localidad de Rari, comuna de Colbún.
  • Contacto: +56 9942 20817 / +56 9996 22722

Emprendedores chilenos: Mermeladas de murta Delicias de Fresia

Como la mayoría de los emprendimientos, el de Soraya Álvarez y su marido, Erich Diedrichs, surgió de la necesidad. Corría el año 2005 y la crisis de la leche, que afectaba a la mayoría de los pequeños y medianos ganaderos de la región de Los Lagos, estaba en su período más crítico. La industria no sólo había modificado los estándares de calidad e higiene, sino también su precio, que en un momento llegó a exiguos 18 pesos por litro. A pesar de que no se trataba de un negocio cualquiera, sino uno cargado de tradiciones y herencias, mantenerlo bajo en condiciones era inviable. Pero, ¿qué hacer para sobrevivir?

Preparar mermeladas es una actividad que Soraya conoce de niña. En Traiquén, la localidad donde ha vivido desde siempre, la murta abunda en los campos y no hay nadie allí que no sepa trabajar ese delicioso fruto. Un día, mientras buscaba fórmulas para salir del paso, pensó que tal vez no era una mala idea hacer un negocio de confituras para complementar los escuálidos ingresos que se generaban de la venta de leche.

Aunque no se trataba de un negocio revolucionario, Soraya intuía que el emprendimiento podía funcionar. Los costos de producción eran bajos y además tenía la experiencia de su lado. ¿Por qué no intentarlo?

Lo primero que hizo Soraya fue hablar con Erich, quien por ese entonces aún seguía ligado a la industria de la leche. Pese al riesgo, no dudó en dejar su trabajo como repartidor para acompañar a su mujer con su emprendimiento.

Así fue como, a principios de 2006, nació Delicias de Fresia.

Montar la fábrica no fue tarea sencilla. Los recursos apenas alcanzaban para cubrir ciertos gastos y cualquier tropieza podía costar el devenir del emprendimiento. Pero lo que faltaba en dinero, sobraba en ganas e creatividad. Fue precisamente lo último lo que permitió al matrimonio montar los equipos para procesar la fruta. Inventor nato, Erich se las arregló para construir las máquinas reutilizando piezas de otros artefactos. Huelga decir que hoy, después de 15 años de funcionamiento, sus creaciones siguen operando como la misma eficiencia que al comienzo.

Pero volvamos a las mermeladas. Su sabor es tan delicioso y su textura tan suave, que después de la primera cucharada, no pude parar más. Cuando le pedí a mi amigo Catador que evaluara el producto, no necesitó demasiado tiempo para elevar simultáneamente sus pulgares.

El gran trabajo de este matrimonio tuvo su merecido premio una década después de su creación, cuando fueron invitados a formar parte del pabellón chileno en la Expo Milán de 2015, una experiencia única y que permitió a Delicias de Fresia alcanzar su consolidación definitiva. Hoy, sus frascos están presentes en supermercados y negocios en diferentes regiones de Chile.

El éxito del emprendimiento de Soraya y Erich se ha construido en base a esfuerzo, amor y mucho trabajo. Delicias de Fresia es la mejor demostración de que nunca hay que perder la fe ni bajar los brazos; y que cada dificultad o tropieza es también una nueva oportunidad para comenzar.

Ubicación: sector Pata de Llico, Fresia, región de Los Lagos.

Contacto: +56 9 7934559

 

Emprendedores chilenos: Ricardo Rodríguez y su irresistible mozzarella La Bufalina

¿Sabías que, en Linares, una ciudad ubicada a menos de cuatro horas de Santiago, se encuentra una de las pocas fábricas de queso mozzarella de nuestro país? Hacienda Bufalina es el nombre del emprendimiento familiar encabezado por Ricardo Rodríguez y su hijo Rafael, un negocio que, si bien vio la luz a hace cinco años, su origen se remonta a más de tres décadas.

Ricardo ha dedicado gran parte de su vida a la elaboración artesanal de quesos. Este oficio lo aprendió cuando era alumno en la escuela salesiana de Linares. En 1989, gracias a una beca otorgada por la misma congregación, durante ocho meses recorrió las queserías más tradicionales de Italia para aprender todos los secretos de este maravilloso producto. En una de esas visitas descubrió la mozzarella y ya nada no volvió a ser lo mismo.

Cuando regresó a nuestro país, el emprendedor tenía claro que, en algún momento de su vida, iba a producir su propia mozzarella. Conocía la receta y sus secretos, pero faltaba lo más importante: la leche. Porque, como bien me explicó Ricardo cuando lo visité, la genuina mozzarella, la que proviene de la provincia de Caserta, no se fabrica con leche de vaca, sino no que con un animal que no se encuentra en Chile: la búfala.

Tuvo que pasar mucho tiempo para que su sueño de hiciera realidad. En el intertanto, Ricardo dedicó parte de su producción a la fabricación de fiordilatte, que es el nombre que recibe la mozzarella cuando se elabora con leche de vaca. En 2012, logra independizarse y, con la ayuda de su familia, monta su propia planta.

Pero aún faltaba algo.

En 2016, Rodríguez se entera que, en Retiro, una localidad rural cercana a Linares, vivía un productor que criaba la única pareja de búfalos que había en Chile. Sin pensarlo demasiado, Ricardo y su hijo se acercaron al ganadero y le hicieron una oferta que no pudo rechazar.

Sin tiempo que perder, Ricardo se puso manos a la obra para completar el ciclo que había comenzado casi tres décadas antes, mientras recorría los campos italianos. Hoy, su mozzarella se vende en supermercados y en tiendas especializadas de todo el país. Un premio más que merecido para una familia que ama lo que hace.

La mozzarella de Ricardo Rodríguez y su familia es mucho más que un queso. Este delicioso, fresco y fino producto, labrado con esfuerzo y amor, es la mejor prueba de que los sueños sí se pueden hacer realidad.

Si me preguntan si existe algo más irresistible que un trozo de mozzarella, acompañado de tomate, jamón y albahaca, mi respuesta es no. Y si me preguntan dónde puedo comprar la mozzarella más fresca y deliciosa de Chile, ya conocen la respuesta: en la Hacienda Bufalina.

Contacto: +56 9 5616 7310

Sitio web: www.bufalina.cl

Ubicación: Linares, región del Maule

Emprendedores chilenos: Licores artesanales don Rufino

En la ciudad de Ovalle se elabora el mejor amaretto artesanal del verde y exuberante Valle del Limarí, famoso en todo Chile por sus tradicionales licores. Y sus responsables son Adriana Olivares e Iván Díaz, un entrañable matrimonio que mantiene con vida una receta con más de un siglo de vida.

Licores artesanales Don Rufino es el nombre del emprendimiento impulsado hace más dos décadas por esta pareja de ex profesores quienes, al momento de jubilar, como miles de chilenos se vieron obligados a buscar ingresos adicionales para complementar sus bajas pensiones. Adriana, que algo sabía de licores artesanales gracias a su padre, un experto en el enguindado, decidió seguir sus pasos y convenció a su esposo para que se embarcaran en este proyecto. Y los resultados, cómo no, le dieron la razón. Hoy, Don Rufino es una marca que está grabada a fuego en la mente de los ovallinos.

La elaboración de sus licores, explica Adriana, es completamente artesanal. Todo el proceso, desde su elaboración hasta su embotellado, se realiza a mano, tal como alguna vez lo hizo su padre.

El sello de Don Rufino, además de su inconfundible sabor, se expresa en la enorme diversidad de sus productos. En total, Adriana e Iván producen 20 variedades de tragos, entre los que destacan los licores de nuez, pasas, papayas, membrillo y el de amaretto, que es la especialidad de la casa.

El día que los conocí, Adriana e Iván me invitaron a participar de la preparación de su amaretto, para el que utilizan almíbar, macerado de almendra, vainilla y abundante aguardiente. Aunque en a simple vista su elaboración parecía sencillo, dar con el sabor perfecto requiere de precisión y mucha paciencia. Como todo buen licor casero, lo que prima es la intuición más que la aritmética. Esto quiere decir que, cuando algo sobra, para equiparar hay que añadir de lo otro. Y así en más.

Los Licores Artesanales Don Rufino son un emblema de la comuna de Ovalle. Si eres de esas personas que disfruta de los aperitivos o los bajativos, tienes que probar alguno de los productos que Adriana y Iván preparan con tanto amor. Créeme, no te vas a arrepentir.

Ubicación: Ovalle, región de Coquimbo.

Contacto: +56 995926244

 

Emprendedoras chilenas: Las Bertas, productoras de manjar de leche de cabra

En la localidad rural de Fundina, 45 kilómetros al noreste de la ciudad de Ovalle, viven dos mujeres, madre e hija, famosas en toda la comuna gracias al irresistible manjar de leche de cabra, que fabrican de forma artesanal siguiendo una receta familiar con más de ocho décadas de historia.

“Las Bertitas” es nombre del emprendimiento con el que Berta Cornejo y su hija Berta Cortés endulzan el paladar de cientos de personas de la provincia del Limarí. Nacidas y criadas en Fundina, desde siempre sus vidas han estado ligadas a la naturaleza y el campo, del que han aprendido cada uno de sus secretos.

Como dicen por ahí, lo que se hereda no se hurta. Y no hay mejor forma de probar ese viejo adagio que la historia de estas dos mujeres. Berta Cornejo vio cómo su madre daba origen a esta legendaria receta y ahora es su hija quien la ayuda para que ésta perdure en el tiempo.

¿Cuál es secreto de las Bertas? Más que un secreto, reconocen, lo que hay detrás es un afinado proceso de producción, que comienza mucho antes de que la leche entre en la paila de cobre donde se cocina durante largas horas.

Lo primero, explica Berta madre, es que ellas trabajan con la saanen, una raza caprina esencialmente lechera. Lo segundo tiene que ver con su alimentación que reciben las cabras, compuesta de alfalfa seca, maíz, soya y avena. Estos ingredientes, asegura la matriarca madre, ayudan a mejorar de forma sustancial calidad de la leche.

Cinco horas bajo fuego lento necesita la leche de las Bertas para convertirse en manjar. Cinco horas de un batido suave e incesante, donde las abundantes cáscaras de naranja y la canela giran de sin descanso hasta soltar toda su esencia en la mezcla.

Pero el talento de esta dupla no sólo se reduce a la elaboración de manjar. Altamente demandas son sus mermeladas de rumpa y copao, frutos endémicos de la zona, así como la de tuna de cactus, que me dejó realmente asombrado por su peculiar sabor.

El día que las conocí, las Bertitas me recibieron con generosa hospitalidad. Tan grande fue su cariño que hasta celebraron mi cumpleaños y me agasajaron con sus delicias. Sus productos, distribuidos en diferentes regiones del país y  que son motivo de orgullo para su familia y toda sus comunidad,  son el resultado de una combinación perfecta entre pasión, esfuerzo, talento y amor por las tradiciones.

Dirección: Río Hurtado, Sector Fundina, Región de Coquimbo.  

Instagram: @lasbertasriohurtado

 

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Emprendedoras chilenas: Paulina Carvajal, fabricante de muñecas artesanales

En San Félix, una localidad rural enclavada en el sector más cordillerano de Valle del Carmen, vive una hábil artesana de origen diaguita que, siguiendo la tradición de sus antepasados, fabrica con sus manos unas muñecas muy especiales y misteriosas.

Cuenta Paulina Carvajal, la persona detrás de Palinay Muñecas Indígenas, que su emprendimiento surgió de un hecho tan casual como mágico. Hace casi dos décadas, mientras recorría las polvorientas calles de San Pedro de Atacama, encontró una de estas figuras en una feria artesanal. Atraída por su belleza, decidió comprarla y llevársela de regalo a su madre quien, apenas la tuvo en sus manos, recordó que estos objetos eran muy comunes en su infancia, tanto así que incluso en su casa los fabricaban. Más que un juguete, le explicó, se trataba de amuletos que tenían como objetivo proteger a las mujeres diaguitas de diferentes males, tanto físicos como espirituales.

La asombrosa y fortuita historia inspiró a Paulina, quien decidió embarcarse en un proyecto que cambiaría para siempre su vida: recuperar esta vieja y mística tradición familiar y, de paso, convertirlo en su oficio y en su principal fuente de ingresos.

Para confeccionar estos amuletos, Paulina recibió algunos consejos de su madre y de las otras mujeres de la comunidad Molle Kay Ko. De ellas aprendió la puntada diaguita, técnica ancestral que usa coser los retazos de tela, lana y cueros, con los que se dan forma al cuerpo; y también las hierbas que se utilizan para rellenar las muñecas.

Como le anticipé, las figuras que Paulina confecciona representan diferentes personalidades femeninas. Entre las más populares están “La Panadera”, “La Yerbatera y “La Cocinera”.

El poder sanador de las muñecas, revela nuestra amiga, aflora en los momentos de tristeza o melancolía. Cuando eso ocurre, el dueño o dueña debe abrazar la figura con fuerza y tomar el suave aroma de las yerbas, que se albergan en su interior, a través de profunda respiración. Su es infalible e inmediato. Yo puedo dar prueba de ello.

El trabajo de Paulina es realmente bello, no sólo por su forma, sus colores y detalles, sino porque se trata de un ejercicio de memoria, de un silencioso esfuerzo por desempolvar las tradiciones de un pueblo originario del que no todos conocen, pero que posee una enorme riqueza patrimonial, cultural y espiritual.

Ubicación: San Félix, comuna de Alto del Carme, región de Atacama

Contacto: +56 9 6275 8198 | palinay.kakana@gmail.com

Redes Sociales: https://bit.ly/3gl36wR

 

 

 

 

Emprendedoras chilenas: Alfareras de Puerto Ibáñez

En Puerto Ibáñez, un hermoso y remoto poblado de la región de Aysén, ubicado 116 kilómetros al sur de la ciudad de Coyhaique, existe un grupo de artesanas que desde hace cuatro décadas cultiva una singular técnica para elaborar hermosas piezas de cerámica, reconocidas en toda la Patagonia.

Cuenta Eva Carrillo, una de las impulsoras de este arte en la comuna, que todo nació a fines de 1975, año en que egresó de cuarto medio. Como solía ocurrir por aquel entonces, las mujeres no tenías demasiadas expectativas puestas en el futuro, por lo que debían conformarse con ser dueñas de casa. “La única forma de hacer algo era yéndose a Coyhaique, pero eso costaba plata, plata que yo no tenía”, recuerda.

Cuando todo parecía indicar que su vida, así como la de muchas de sus vecinas, amigas y familiares, estaría ligada a las labores domésticas, sucedió lo inesperado: una reconocida artesana de la región, de paso por Puerto Ibáñez, decidió desarrollar un taller de cerámica en la zona. Eva se entusiasmó tanto con los conocimientos que iba a adquiriendo a medida que el curso avanzaba, que decidió no sólo convertirse en artesana, sino que hacer de esta pasión su oficio.

La pasión Eva por esta disciplina no tardó en contagiar a su gente, que lentamente se fue familiarizando con los secretos para convertir la tierra en greda; y la greda, en hermosas piezas de cerámica. Cuarenta y cinco años han transcurrido desde entonces y ya son tres las generaciones que dominan este difícil arte.

Ustedes se preguntarán en qué se diferencia la cerámica que hace este grupo de otros y otras artistas. Pues, más que un secreto, se trata de un afinado proceso, que contempla tres etapas. La primera tiene relación con el tipo de tierra que extrae de la veta. Un buen material, explica Eva, no debe tener arena y, al momento de escogerlo, se debe privilegiar el que se encuentra en su forma más molida. Lo segundo: para convertir la arcilla en greda sólo se debe utilizar agua. Así la materia prima alcanza su mayor nivel de pureza. Por último –y lo más importante- es el amor con el que sus manos dan forma a sus tradicionales productos, que van desde los clásicos cacharros y alcancías, a fina loza utilitaria.

Como a todo el mundo, la pandemia ha afectado enormemente el trabajo de las ceramistas de Puerto Ibáñez. Con el cierre indefinido de las ferias, la única manera de difundir sus artesanías es a través de plataformas digitales. No ha sido sencillo, reconoce Eva, pero lentamente se han ido adaptando a los nuevos tiempos.

El trabajo de Eva y sus compañeras es de excelencia, no sólo por la depurada técnica con la que fabrican su alfarería, sino también porque en cada pieza se puede percibir el amor y la pasión por su oficio.

Mi reconocimiento para estas empeñosas artistas, que desde la puerta de entrada a la Patagonia nos enseñan que, con creatividad, talento y esfuerzo, los sueños se pueden convertir en realidad.

Dirección: Puerto Ibáñez, Coyhaique, Región de Aysén.

Emprendedoras chilenas: Yessenia Gonchar buzo y mariscadora de Huentelauquén

En Huentelauquén, una bella localidad costera de la comuna de Canela, tuve la oportunidad de conocer a Yessenia Gonchar, la única mujer que trabaja como buzo y mariscadora en esta zona de la región de Coquimbo. Un personaje entrañable que, gracias a su esfuerzo y perseverancia, logró echar abajo un montón de barreras y prejuicios, para ofrecer los mejores y más frescos productos del mar.

Huentelaquén, en mapudungún quiere decir “sobre el mar”, atesora uno de los ecosistemas oceánicos más ricos y complejos del país. Su extraordinaria biodiversidad ha sido objeto de numerosos estudios e investigaciones científicas. Ese verdadero santuario de la naturaleza es la “oficina” de Yessenia, quien desde hace 14 años se sumerge en sus prístinas para obtener el sustento familiar. Aunque no es el único lugar. Del lecho del río Choapa también extrae unos camarones enormes, que en ciertas ocasiones llegan a medir 45 centímetros, sin más recursos que el de sus diestras manos, que son capaces de eludir las filudas tenazas de este escurridizo animal, que suele ocultarse entre las rocas.

 

La vida de esta empeñosa emprendedora de 38 años no ha sido fácil. Además de la inestabilidad económica tan propia de las zonas interiores de nuestro país, también ha debido lidiar, como ya les adelanté, con la subestimación y desconfianza de algunos de sus compañeros, quienes aún en estos tiempos creen que es posible hacer distinciones según el género. Aunque cada vez menos, aclara. Es más, Yessenia sabe que su trabajo despierta admiración en buena parte de ellos, no “sólo porque sea mujer, sino porque siempre saco los chinguillos más grandes y llenos de mariscos”, dice con orgullosa picardía.

El día que la conocí, Yessenia me invitó a su lugar preferido para bucear y mariscar, una escondida y paradisiaca playa llamada Ventanas. Allí, no sólo aprendí algunos secretos para extraer de las rocas lapas, jaibas y caracoles, sino también tuve la oportunidad de ver cómo esta aguerrida mujer sorteaba las intimidantes olas para luego emprender un nado grácil y finalmente perderse en las profundidades del mar.

La historia de Yessenia refleja la realidad de millones de mujeres de nuestro país, quienes deben redoblar sus esfuerzos para abrirse camino en un mundo de “hombres”. Su empuje debe ser motivo de inspiración para todas quienes anhelan convertir su pasión en un oficio.

Así que, si andas por Huentelauquén, pregunta por Yessenia ¡Todos la conocen!  La frescura de sus mariscos y colosales camarones te harán alucinar por su sabor, pero también por sus convenientes precios, al alcance de todos los bolsillos.

Contacto: +56 9 6127547

Dirección: Sector Choapa, Huentelauquén, Comuna de Canela, Región de Coquimbo.

 

 

 

 

 

 

 

 

Emeteria Ardiles, una maestra artesana en palo plantado

En Pastalito, comuna de Alto del Carmen, un pequeño caserío al norte de Las Breas, vive quien es considerada la reina del telar plantado, una técnica ancestral de textilería indígena, de incalculable valor patrimonial, practicado principalmente por mujeres asentadas en las zonas rurales. Con más de ocho décadas a cuesta y pesar de una avanzada ceguera, Emeteria Ardiles sigue tejiendo con la misma pasión de los primeros años, cuando debió asumir sola el cuidado de sus tres hijos, a quienes logró sacar adelante gracias a este don que heredado de sus antepasados.

El día que la conocí, Emeteria estaba ensimismada, hilvanando con maestría los hilos que más tarde se convertirían en una alfombra. Me sorprendió la estructura de este instrumento. A diferencia de lo que había visto en otras zonas de país, este telar en palo funciona de modo horizontal y a un metro de altura, lo que obliga a las artesanas a trabajar de pie.

Consciente del incalculable valor patrimonial de su conocimiento, desde hace dos décadas se ha empeñado en trasmitir su experiencia a un grupo de 25 mujeres que, en un futuro cerceno, tendrán la responsabilidad de preservar y difundir esta ancestral tradición en las nuevas generaciones.

Las limitaciones físicas no han sido un impedimento para detener su pasión. De cierta manera, sus aprendices se han convertido en sus ojos. Emeteria hila y dirige a las artesanas, quienes han aprendido a interpretar su infatigable creatividad. Ponchos, mantas, bufandas y alfombras, entre otras piezas, son el resultado de un largo proceso, que comienza con la esquila, el lavado y teñido de la materia prima.

Pero la sabiduría de esta mujer no se limita exclusivamente a la artesanía. Orgullosa de sus orígenes diaguitas, desde muy joven conoció el poder curativo de las hierbas medicinales. También trabajó como partera y constructora de chozas ancestrales. Su experiencia quedó plasmada en “Los Secretos de doña Emeteria”, un libro que recopila los capítulos más importantes de su vida.

Emeteria es sinónimo de valentía, esfuerzo y pasión. Su dilatada trayectoria le valió ser reconocida en 2012 como una de las 100 mujeres líderes de Chile y nombrada en 2016 como reina diaguita.

Ubicación: Comuna Alto del Carmen, Región de Atacama

Contacto: +56979567599

 

Emprendedores chilenos: Miguel Espinoza, fabricante de botas gauchas

En la localidad rural de Piedra de Águila, un caserío perdido al sur de la comuna de Futaleufú, vive uno de los pocos fabricantes de botas gauchas de la región de Los Lagos. Su nombre es Miguel Espinoza, un emprendedor que no sólo es reconocido por la excelente factura de su calzado, sino también por su conciencia ecológica y ambiental.

Misael es hijo de un querido talabartero la zona, pero su relación con el cuero curiosamente comenzó en Argentina, país en el que vivió durante algunos años. Allí, aprendió el oficio de zapatero y se especializó en reparaciones. Al volver a Chile, quiso comprar un par de botas gauchas para trabajar en el campo, pero fue imposible. Por más que buscó, no dio con ninguna. La única manera de conseguirlas, le explicaron, era encargándolas al país hermano. El artesano no tardó en comprender que tenía una inmejorable oportunidad de emprender un negocio con altas posibilidades de éxito. Sabía diseñar y confeccionar, así que se lanzó a la piscina sin vacilar.

Y no se equivocó.

Su trabajo no tardó en llamar la atención de sus vecinos y de personas de otros sectores de Futaleufú. Y es que las botas gauchas, ideales para cabalgar y trabajar en el campo, son muy apetecidas no sólo por su estilo, sino también porque son impermeables y, además, no provocan sudor.

Otra cosa que hace del calzado de Misael un producto único, es que la materia prima con la que los fabrica son reutilizados. ¿Y saben cómo? Cuando alguno de sus clientes habituales necesita necesita un par nuevo, aprovecha de entregarle los viejos. De esas botas, el artesano extrae el cuero que se encuentra en buen estado y, ciertas ocasiones, la horma de estos. Como la materia ya tiene la elasticidad y la forma, el proceso de confección resulta mucho más fácil.

Semanalmente, Misael confecciona entre tres y cuatro pares de botas, lo que le permite llevar una vida tranquila, sin grandes lujos, pero también sin apuros.

Aunque por ahora sigue siendo el único fabricante de la zona, hace algún tiempo uno de sus hijos comenzó a trabajar como ayudante, lo que permitirá, al menos por ahora, mantener con vida uno de los oficios encargados de uno de los implementos fundamentales de los gauchos patagónicos, como son sus tradicionales botas.

 

Ubicación: Camino a Piedra del Águila, Futaleufú, Región de Los Lagos.

Contacto: +56 9 4582 1531