Yo Recomiendo: La Ruta del Cuarzo del Valle de Quilimarí

A sólo dos horas de Santiago, en la entrada sur de la región de Coquimbo, existe un lugar mágico, cargado de misticismo, ideal para quienes necesiten equilibrar sus energías corporales. Se trata de la Ruta del Cuarzo, una experiencia de turismo espiritual, de bienestar y sanación, asociada a la naturaleza y los atractivos culturales del Valle de Quilimarí, en la comuna de Los Vilos.

Camas de cuarzo, masaje con cristales y clases de yoga son algunas de las actividades que ofrece esta iniciativa, conformada por 15 emprendedores locales y que emergió, a comienzos de 2010, como una alternativa a los destinos más tradicionales de la región, como son La Serena y el Valle del Elqui.

Con la localidad de Guangualí como punto de origen, la ruta atraviesa el Valle de Quilimarí y concluye, luego de 42 kilómetros, en el caserío de Talima. Allí se encuentran las antiguas minas de cuarzo, algunas de ellas aún en funcionamiento. El recorrido contempla algunas paradas para que los turistas puedan comprar artesanías en madera y cerámica gres, además disfrutar de la gastronomía típica de la zona.

Juan Molina y Cecilia Hermosilla es un matrimonio que reside en Talima. Junto a Antonio Aguilera, otro vecino de esa localidad, ofrecen una experiencia sanadora completa, con camas y duchas de cuarzo, que son capaces de transmitir al cuerpo todas sus propiedades energéticas.

De eso puede dar fe la misma Cecilia. Oriunda de Santiago, desde muy joven padeció dolores permanentes en músculos y articulaciones. Fue diagnosticada de fibromialgia y envejecimiento prematuro de sus huesos. Sorprendentemente, este malestar comenzó a menguar pocos meses después de radicarse en el valle. Han pasado dos décadas desde entonces y hoy Cecilia lleva una vida apacible y relajada.

La primera vez que visité Talima lo hice en un momento en el que enfrentaba una enorme carga laboral. Llevaba varios meses durmiendo poco y mal. Cuando Cecilia me invitó a descansar por una hora en una de sus camas, lo hice, debo reconocer, sin demasiadas expectativas. Acostumbrado a un ritmo infernal, pensé que 60 minutos no iban a ser suficientes para revertir un cansancio acumulado durante años. Sin embargo, a los pocos segundos mi mente comenzó a desconectarse de mi cuerpo y, después de mucho tiempo, logré relajarme. Ese agradable estado me acompañó el resto del viaje y las semanas siguientes.

Desde entonces, siempre llevo conmigo un trozo de cuarzo. Y la vida, créanme, es mucho mejor.

Recorrer este valle y compartir con este grupo de emprendedores es una experiencia, como les dije al comienzo, mágica y mística. En Quilimarí se siente una energía diferente, una energía que tiene la fuerza suficiente para torcer tu estrés y hacerte sentir, al menos por unos días, verdaderamente pleno.

Yo definitivamente lo recomiendo.

Ubicación: El Valle de Quilimarí se sitúa 25 kilómetros al sur de Los Vilos, en la región de Coquimbo. De Santiago, lo separan 200 kilómetros.
Contacto: +56 995943126, +56 963398507

Camas de cuarzo

 

Emprendedores chilenos El fabricante de morteros y artesanías en piedra

Los morteros son un implemento fundamental en cualquier cocina. Si no fuera por este sencillo utensilio, nuestras comidas tendrían un sabor distinto, más débiles e insípidas, con menos personalidad. Y aunque existen algunas variaciones más sofisticadas, como los fabricados con cerámica, el genuino mortero debe ser de piedra e indestructible. Bien lo sabe Manuel Machuca, un artesano de la comuna de Navidad que desde hace siete años se dedica a confeccionarlos.

Nacido en el sector de la Boca, Manuel ha dedicado toda su vida a trabajar en la construcción. Amante de las piedras en todas sus formas y dimensiones, desde niño solía recorrer la desembocadura del río Rapel recolectando guijarros para su colección personal. Aunque por su oficio conocía algunas técnicas para labrarlas, nunca se había atrevido a hacer algo con ellas.

En 2015, su esposa lo animó a probar. En un comienzo, Manuel no supo qué hacer con sus piedras, así que se lo tomó con calma. Un día, mientras trabajaba en una obra, se le apareció la imagen del mortero. La idea agarró fuerza cuando comprobó que, al menos en la zona donde vivía, nadie los fabricaba.

Convencido con la idea de haber descubierto un nicho, durante meses Manuel dedicó sus ratos libres aprender las técnicas para dominar el cincel y el galletero. Cuando logró armarse de un bueno número de morteros, decidió probar suerte en la feria artesanal del balneario de Matanzas. La recepción de los turistas fue tan buena, que Manuel vendió todo. Ese fue el empujón final para seguir adelante con su emprendimiento.

Pero el despegue definitivo se produjo un par de meses después cuando el dueño de un hotel del mismo balneario le preguntó si podía fabricar platos de piedra. Manuel no lo dudó un segundo y aceptó el encargo.

Y el resto es historia.

 

Hoy, además de sus célebres morteros, Manuel elabora fuentes, lavamanos y maceteros. Si bien lo que produce aún no le permite dedicarse a este trabajo a tiempo completo, no pierde las esperanzas de que, en el mediano plazo, pueda hacer realidad ese anhelo. Por ganas, claro está, no se queda.

Manuel cuenta que, en una jornada de trabajo, puede hacer entre cinco y 10 morteros. El valor de las piezas varía según su tamaño. Mientras los más pequeños cuestan $5.000, los más grandes llegan a $25.000, un precio bastante razonable dado el gran esfuerzo que conlleva su fabricación.

El trabajo de este artista es de primer nivel, no sólo por la técnica y la calidad de sus productos, sino porque detrás de cada utensilio hay pasión y amor. Y eso se nota.

Dirección: Sector de La Boca, Navidad, Región de O’Higgins

Contacto: +56 988638805

Yo Recomiendo: Sewell, la ciudad de las escaleras

Enclavado en la Cordillera de los Andes y a los pies del yacimiento minero subterráneo más grande del mundo, se encuentra Sewell, uno de los destinos más impresionantes de nuestro país. Un pueblo de coquetos y coloridos edificios de madera y serpenteantes escaleras de concreto, que desafían pronunciadas pendientes montañosas. Un lugar que, hasta comienzos de los 70, albergó a más de 15 mil habitantes y que hoy, a casi medio siglo de su clausura, aún mantiene parte de su brillo y encanto.

La historia de Sewell se remonta a 1904, cuando la empresa norteamericana Braden Cooper, después de recibir la aprobación del Estado de Chile, inicia la construcción de este ambicioso campamento, nada menos que a 2.100 msnm. Ese mismo año comienzan a asentarse los primeros mineros junto con sus familias.

En menos de cinco años, la Sewell pasó los de 1.500 a los 14.000 habitantes. Este explosivo crecimiento obligó a sus propietarios a implementar todos los servicios que requieren las ciudades importantes, como almacenes, escuelas, cuerpo de bomberos, iglesias, clubes sociales, cine y un hospital, que en su momento llegó a ser el más moderno de Sudamérica.


Cuando tuve la oportunidad de conocer Sewell mi anfitrión fue Raúl Suárez, un ex habitante que nació y creció en el campamento. Mientras recorríamos el pueblo, me contó algunas anécdotas de este mágico lugar. Me dijo que en la “ciudad de las escaleras” se formó, en 1916, la primera brigada de boy scout de Chile y que también fue sede del primer campeonato nacional de bolos. Me sorprendió saber que el alcohol estuvo terminantemente prohibido y que existía una institución destinada a preservar las buenas costumbres ciudadanas conocida como la “policía moral”.

La historia de Sewell se fue apagando paulatinamente a comienzos de la década de los sesenta. La construcción de la carretera que unió el yacimiento con la ciudad de Rancagua y el proceso de nacionalización de la industria cuprífera, que comenzó en el gobierno de Eduardo Frei Montalva y concluyó con el de Salvador Allende, en 1971, marcó el punto final para la ciudad. Sus habitantes fueron reubicados en la capital de la región de O’Higgins.

Luego de su despoblamiento, la ciudad sufrió un deterioro profundo, que terminó con el desmantelamiento de casi el 70% de su infraestructura. Sólo a fines de los 90 el campamento encontró protección cuando fue declarado Monumento Nacional. En 2006, la UNESCO lo incluyó dentro de su Listado de Patrimonio de la Humanidad, asegurando así su conservación definitiva.

Recorrer Sewell es un verdadero viaje al pasado. Un lugar donde su historia y la de sus habitantes se respira en cada rincón. Si quieres vivir esta experiencia, en Rancagua puedes encontrar varias agencias que realizan tours guiados. Yo, sin dudar, lo recomiendo.

Ubicación: Sewell se encuentra al interior de la comuna de Machalí, 64 kilómetros al este de la ciudad de Rancagua, en la región de O’Higgins, y a 150 kilómetros de Santiago.

https://www.fundacionsewell.org/

 

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Una publicación compartida por SEWELL (@fundacionsewell)

Yo Recomiendo: Alejandro de Cáceres, escultor en madera

Un campesino que hace arte. Así se define Alejandro Cáceres, un prodigioso artista de la localidad de Nirivilo, en San Javier, que durante seis décadas ha dedicado su tiempo y energía para transformar la rústica madera en monumentales esculturas, que impresionan por la diversidad de sus formas y sus prolijos detalles.

Alejandro no estudió arte ni se especializó en escultura. Hijo de campesinos, su vida ha estado ligada a la tierra desde que tiene recuerdos. El don que posee, afirma sin falsa modestia, le llegó como un capricho del destino y comenzó a manifestarse bien temprano, antes de cumplir los siete años. Sus primeras obras las hizo con arcilla y greda, sin más conocimientos que el de su propia intuición. A los 20 años, descubrió la madera, materia prima que ha sido su compañera por más de cuarenta años y que le ha permitido materializar sus creaciones más célebres, reconocidas tanto en Chile como en el extranjero.

Alejandro es un tipo sencillo, que evade los elogios y se resiste a los reconocimientos, que afloran espontáneamente apenas pones tus pies en su propiedad, una pequeña parcela escondida entre cerros y lomas. La casa, el taller y la galería donde Alejandro expone algunas de sus trabajos fueron levantadas con sus propias manos. Construidas en madera y greda, las tres poseen la misma forma circular y un piso cubierto de cuarzo molido que, al caminar sobre éste, deja escapar un leve y relajante murmullo.

Recorrer esta verdadera galería es una experiencia que despierta todos tus sentidos. El circuito comienza con dos esculturas en tamaño real de un campesino y una niña, figuras inspiradas en su padre y una de sus hijas. Unos metros más más adelante, dos enormes manos de madera dan forma a un portal cuya misión, explica el artista, es llenar buenas energías a quien lo visite.

Lo que viene es lo más parecido a una epifanía: decenas de obras de gran tamaño, formas y estilos dan vida a espacio extraordinario, que atrapa y envuelve. Allí, el tiempo se congela y toda la racionalidad se derrumba. Estar ahí es como habitar una dimensión paralela, algo que nunca podrás sentir en otro lugar.

Alejandro cuenta que sus creaciones son fruto de un largo proceso, que comienza cuando una imagen, casi siempre de manera involuntaria y fortuita, emerge en su mente y no desaparece hasta que se hace realidad. Prescindiendo del lápiz y el papel, el escultor se toma todo el tiempo que estime conveniente para que esa inspiración empiece a adquirir su forma definitiva. Cuando eso ocurre, El artista se interna en su campo en busca de la madera que con la que materializará su obra.

Cada escultura tiene su propio tiempo. Algunas, dice Alejandro, le pueden tomar semanas, otras un par de meses. Es que para él cada proceso es diferente y éste está mediado por la energía y la conciencia, elementos engañosos, que se muestran mansos, pero que a la larga son indomables.

Si bien a fines de 2020 Alejandro decidió dar por terminada su carrera como escultor, su casa está abierta para que la gente conozca pueda conocer su obra. Durante todo el año organiza talleres de arte y arquitectura, pensando principalmente para escolares y estudiantes universitarios.

Alejandro es un artista consagrado, dotado de un talento único, que, al menos yo, nunca había visto antes. Visitarlo es una experiencia extraordinaria, que atesorarás por siempre

Ubicación: Nirivilo, San Javier, región del Maule

Contacto: +56 9 94942587

Correo: contacto@alejandrodenirivilo.cl

Yo Recomiendo: Parque botánico Omora

El Parque Botánico Omora es de esos lugares que, a pesar de la distancia y desconexión, vale la pena conocer. Situado al sur de la Isla Navarino, en uno de los rincones más australes y salvajes de planeta, forma parte de la exuberante Reserva de la Biósfera de Cabo de Hornos y cuenta con una extensión de 1.000 hectáreas.

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Una publicación compartida por Chile Travel (@chiletravel)

La reserva fue fundada en 2000 y es fruto de una alianza conjunta entre la Universidad de Magallanes, el Instituto de Ecología y Biodiversidad y la Fundación Omora. Sus principales objetivos son la investigación científica, educación medioambiental y la conservación.

Omora, que en lengua yagán quiere decir “colibrí”, es un recinto que grafica la extraordinaria biodiversidad de la isla, considerada uno de los ecosistemas más puros del planeta. Allí confluyen, en un mismo escenario natural, grandes extensiones de bosque nativo, principalmente coigües, lengas y ñirres; turberas y humedales; y un exuberante sotobosque, compuesto de helechos, orquídeas, musgos y líquenes.

Una de las iniciativas más sorprendentes del parque es el proyecto conocido como Ecoturismo con Lupa. Esta experiencia consiste en recorrer un circuito de tres horas donde se puede apreciar, con lujo de detalles, sus hermosos “bosques en miniatura”, conformados por musgos, líquenes y hepáticas de tamaño minúsculo. Es una invitación a abrir los ojos para y disfrutar de la naturaleza en su estado más puro y desconocido.

El Parque Omora está a menos de tres kilómetros de Puerto Williams y es un excelente panorama complementario para quienes llegan los confines del continente para recorrer el circuito Dientes de Navarino, el trekking más austral del planeta.

Parque llegar a Puerto Williams, tienes dos posibilidades: a través de un vuelo desde Punta Arenas o navegando desde la misma la ciudad, una travesía de 37 horas, que cruza canales, fiordos y que ofrece estremecedoras panorámicas de innumerables glaciares y ventisqueros.

El Parque Omora es, como dije al principio, un verdadero tesoro en uno de los destinos más bellos de Chile. Por eso, Yo lo Recomiendo.

Ubicación: Puerto Williams, Isla Navarino, región de Magallanes

Contacto: +56 61262 1715

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Una publicación compartida por Sofía Hernández (@sofi.hrndz)

Yo Recomiendo: Santuario del Picaflor

¿Sabías que el ave más pequeña de Chile mide apenas 5,7 centímetros de largo y es capaz de dar alrededor de 55 aleteos por segundo? Así de peculiar es el picaflor de Arica, un delicado pajarito que sólo vive en los Valles de Azapa y Chaca, casi en el límite con Perú.

Grácil y colorido, este veloz pajarito se encuentra gravemente amenazado. Hasta hace 15 años, los censos estimaban una población total de poco más de 1.500 ejemplares. En la actualidad, ese número ha disminuido de forma dramática hasta alcanzar los 300. Entre los factores que explican este fenómeno se encuentran la pérdida de su hábitat natural, el uso indiscriminado de pesticidas y su restringida distribución.

Si esta ave aún se puede considerar como una especie viva, eso es gracias al silencioso y anónimo trabajo de María Teresa Madrid, una agricultora local que desde hace 20 años se dedica a la conservación de este pequeño animalito, cuyo tamaño –para que se hagan una idea- es similar al de una pila AA.

Su relación los picaflores de Arica proviene desde la cuna. Es que María Teresa creció entre ellos. Sus primeros recuerdos están asociados a sus colores y sus delicadas facciones. Desde niña los veía revolotear entre las plantas y las flores del jardín de sus padres. Y también fue testigo de cómo su presencia con el paso de los años se fue cada vez más escasas y esporádica.

Durante los 80 y los 90 Chile experimentó un enorme crecimiento agrícola. Pero, para atender la enorme demanda de países como Estados Unidos, hubo que erradicar de los campos un despreciable insecto, conocido como la mosca de la fruta. Si bien la batalla se ganó después de esfuerzo, el daño al ecosistema fue brutal, en casos irreversible, debido a los pesticidas. Y entre las especies que más se vieron afectadas estaba el picaflor de Arica.

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Una publicación compartida por Eve Henríquez (@evehxc)

Un día, unos funcionarios del SAG visitaron a María Teresa. Los profesionales llevaban varias semanas haciendo un catastro para saber a ciencia cierta cuántos ejemplares quedaban en el sector. Los números, le dijeron extraoficialmente, eran realmente desastrosos. La noticia fue un duro golpe para ella. Pero, lejos de quedarse de brazos cruzados, la agricultora decidió que había que hacer algo. No quería ser una cómplice pasiva de ese desastre, así que le propuso a su hermano intentar salvar a los pocos picaflores que quedaban en la zona.

Como sabían que la principal causa de su estaba desaparición estaba vinculada con la pérdida de su hábitat natural, los hermanos fueron llenando el jardín de María Teresa con todo tipo de plantas hasta que, luego de varios intentos, lograron dar con una especie idónea para que las aves se alimentaran.

Si en el invierno de 2001 vio los primeros picaflores revoloteando en su jardín, cinco años más tarde, en 2006, la agricultora ya contaba con 40 nidos con dos polluelos cada uno, como es la costumbre en esta especie. Hoy, María Teresa ya no es propietaria de su casa. Es más, ya no vive en una casa. Ella ahora forma parte de un santuario de la naturaleza, un lugar que ella misma creó sin presupuesto ni ayudas gubernamentales, pero cono amor y sobre todo con consciencia ecológica.

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Una publicación compartida por Andrea Palma Vadell (@apvdelfin)

Visitar el Santuario del Picaflor es una experiencia que todo amante de la naturaleza debe vivir. Al recorrerlo no sólo tendrás la oportunidad única de entrar en contacto con esta minúscula y colorida especie, sino también de disfrutar de un entorno exuberante, cargado de colores, olores y sonidos, en medio del desierto de Atacama.

Por eso, al Santuario del Picaflor de Arica yo lo Recomiendo.

Dirección: Kilómetro 14, Valle de Azapa, Arica, región de Arica y Parinacota.

Contacto: +56 2 582225391

 

Yo Recomiendo: El Rey De Sánguche De Potito

“Si no fuera por esto, no sería nada”, dice Luis Alberto Gutiérrez, don Beto, apuntando con un cuchillo el enorme trozo de pernil que se apresta a trozar. Es casi el mediodía de un jueves de agosto y, en los alrededores del Hipódromo Chile, la agitación por una nueva jornada de carreras comienza a crecer.

El Rey de del sándwich de potito conoce de memoria ese mundo, donde la pasión, la adrenalina y el nerviosismo dan forma a un ambiente único, a ratos surrealista. Ya son más de cuatro las décadas que lleva don Beto deleitando el paladar de miles de aficionados a las carreras siendo, a estas alturas, patrimonio vivo de Independencia.

Su historia con este emblemático sándwich nació como una medida desesperada para generar ingresos luego de ser despedido de su trabajo. Fue Nora Bozo, su compañera de toda la vida, quien le propuso salir del paso con este emprendimiento.

-La primera vez salí yo –dice la Reina. -Me fui al Matadero y compré potito, que en esa época todavía se vendía en el matadero.

La jornada de Beto y Nora comienza de madrugada. Mientras ella cocina la carne, el rey coge su camioneta y se traslada hasta Independencia. En La Vega Central, se reúne con sus proveedores y, luego de conversar un café hirviendo, regresa a casa con las provisiones frescas Allí, su esposa e hijos ya están en la mesa, esperándolo con un sándwich de potito listo para recargar energías y enfrentar la larga jornada.

A la hora de preparar el célebre sándwich, de don Beto y Nora son inflexibles con la receta original. Un genuino potito, explican los reyes, debe partir por el pan. Y el único pan permitido es la marraqueta. El tipo de carne tampoco se negocia: guatitas y tripa gorda de vacuno. El ají debe picar y la cebolla, que es la base de la salsa verde, crujir en la boca. Fundamental también son las cuatro rodajas de tomate que presionan la carne y la mayonesa, siempre casera.

Don Beto y doña Nora son verdaderos emblemas del Hipódromo Chile, una pareja que, gracias al esfuerzo y la pasión, ha sacado adelante a dos generaciones. En un país donde es demasiado recurrente toparse con reyes y reinas, ellos tienen más que merecido su cetro.

Por eso, si alguna vez te animas a pasar una tarde en el Hipódromo, no pierdas la oportunidad de disfrutar del mítico sándwich de potito de don Beta y doña Nora. Yo, definitivamente, lo recomiendo.

Dirección: Fermín Vivaceta 1372, Independencia.

Yo Recomiendo: El Askeroso

Rubén Soto es toda una institución en el sector de La Chimba, sobre todo para quienes viven o trabajan en las inmediaciones entre Hospital Clínico de la Universidad de Chile y el Cementerio General. Apostado en una de las veredas de la transitada Avenida La Paz, no hay nadie en este sector de la comuna de Independencia que no conozca o al menos haya oído alguna vez hablar del “Askeroso”, el legendario kiosko de sándwiches que por casi dos décadas ha llenado los estómagos de sepultureros, deudos, familiares de pacientes, funcionarios de la salud y estudiantes de medicina.

El origen de este popular local se remonta al año 2005 cuando, luego de ser despedido de una multitienda, donde trabajaba como promotor de una marca de pinturas, decidió invertir el dinero de su indemnización en montar un local de comida. Aunque no tenía experiencia en el tema, sabía que, si jugaba bien sus cartas, el negocio podía funcionar. Y su apuesta fue tan sencilla como efectiva: ofrecer el sándwich más contundente de Santiago.

“Es lo mejor que me pudo pasar”, reconoce.

Fue un grupo de estudiantes de medicina de la Universidad de Chile, a las pocas semanas de ser inaugurado, el que le dio el mítico nombre al local. Como su principal sándwich era el ass (un completo con carne de churrasco en lugar de una vienesa), para premiar su contundencia los jóvenes lo bautizaron como el “asqueroso”. Rubén sintió que ese simple juego de palabras retrataba el alma de su local, ingenioso y alegre, por lo que mandó a pintar un cartel con la nueva marca.

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Una publicación compartida por El Askeroso (@el_askeroso)

No pasó mucho tiempo para El Askeroso se hiciera conocido. A los estudiantes, se fueron sumando trabajadores del hospital, familiares de los pacientes e incluso connotados especialistas. Para hacer frente a la gran demanda de comensales, Rubén apostó por ampliar la carta con nuevos sándwiches, con nombres como “trombosis”, “coronario”, “asesino” y “KK Kast”, entre otros, que terminaron por consolidar el negocio y convertirlo en un emblema del barrio.

Pero decir que el “Askeroso” es sólo una picada de paso, es ser poco generoso. Este local ya es parte del patrimonio cultural de la comuna. Y eso no sólo es gracias a sus creativas preparaciones. Si la comunidad le tiene un cariño enorme, es porque Rubén ha colaborado para que el barrio sea un mejor lugar, donde todos y todas se sientan orgullosos y a gusto. Además de la biblioteca popular que levantó a un costado del kiosko, solía visitar a los pacientes del hospital para entregarles libros y así hace un poco más llevadera las internaciones. Todos los viernes, antes de cerrar, también solía preparar una decena de platos para repartir entre las personas que pernoctan en la calle, en su mayoría gente con problemas de adicción.

Como a casi todo al mundo, la pandemia fue un golpe terrible para el negocio. A pesar de su esfuerzo, el “Askeroso” no pudo soportar la crisis y debió cerrar las puertas del local, poniendo fin también a sus iniciativas comunitarias. Si bien el negocio se mantuvo operativo a través de repartos a domicilio, no fueron pocas veces en que Rubén pensó en darle una digna sepultura a su boliche. Sin embargo, fue la propia comunidad la que convenció a las autoridades municipales de la importancia de este lugar, que encontró un nuevo espacio para volver a funcionar.

Para alegría de sus clientes y vecinos, el “Askeroso” ha vuelto a levantar sus cortinas para entregar sabor y alegría a un barrio histórico de Santiago. Un lugar que definitivamente debes conocer. Yo Lo Recomiendo.

Dirección: Avenida La Paz 930, Independencia, Región Metropolitana.

Contacto: +56 9 6149 0599

https://www.instagram.com/el_askeroso/

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Una publicación compartida por El Askeroso (@el_askeroso)

Yo Recomiendo: Termas del Sol

A poco más de dos horas de Puerto Montt, escondidas entre frondosos y milenarios bosques, y con los volcanes Osorno y Calbuco como dominadores de un paisaje asombrosamente puro, se encuentran las Termas del Sol. Se trata de un emprendimiento familiar, liderado por el matrimonio conformado por Samuel y Jacinta y que, en menos de dos años, se ha posicionado como uno de los atractivos turísticos más importantes de la comuna de Cochamó.

Inauguradas en diciembre de 2019, la historia de este centro se remonta a 2016. Ese año, Samuel del Sol visitó las Termas de Curacautín junto a un grupo de amigos. Encantado por la experiencia, se imaginó en algún rincón del sur del Chile levantando un negocio parecido. Sin darle demasiadas vueltas al asunto –y desatendiendo varias recomendaciones de amigos y familiares-, se puso en contacto con una geóloga, con quien emprendió un largo periplo por el país buscando el lugar indicado para montar su recinto. Y ese lugar lo encontró en Puelo, una pequeña localidad ubicada 124 kilómetros al sureste de la ciudad de Puerto Varas, en la región de Los Lagos.

Más difícil que adquirir el terreno donde se hallaba la fuente termal, fue ganarse la confianza de la comunidad local. Desde que lo configuró en su cabeza, el pilar más importante del proyecto era construir un espacio amigable, que provocara el menor impacto en el medioambiente. Por eso, paralelamente a la construcción del espacio, Samuel y Jacinta reforestaron una zona del predio con más de 2.500 plantas y árboles nativos, como coihues y canelos.

Un año y medio tardó el centro en quedar listo. Y si bien las expectativas eran altas, jamás imaginaron la enorme cantidad de visitantes que llegó a las pocas semanas de su apertura. El éxito del negocio produjo un positivo impacto entre los vecinos de Puelo, quienes aprovecharon la alta demanda de los turistas para comenzar sus propios emprendimientos.

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Una publicación compartida por Todo Campo (@lavidaescampo)

Volviendo a las termas, te cuento que el complejo tiene 10 piscinas, de 80 centímetros profundidad, y más de 300 metros de pasarelas, con miradores que ofrecen panorámicas únicas de los volcanes de la zona y también del Seno y Estuario de Reloncaví. Sus aguas poseen una temperatura que fluctúa entre los 36 y 45°C y, lo mejor, es que el lugar está abierto de lunes a domingo, siempre cuando las condiciones sanitarias lo permitan.

Las Termas del Sol es un lugar increíble, que vale la pena visitar. Es de esos sitios donde la belleza del entorno dialoga a la perfección con un servicio de primer nivel. Yo, sin duda alguna, lo recomiendo.

Ubicación: Los Cipreses HJ19, Río Puelo, Cochamó, región de Los Lagos

Horario: de lunes a domingo, entre las 08:00 y 20:00 horas.

Contacto: https://www.termasdelsol.com/

 

 

Yo Recomiendo: Comunidad agrícola Peral Ojo de Agua

A pocos kilómetros del ingreso principal al Parque Nacional Fray Jorge, perdido en la aridez del secano costero de la región de Coquimbo, existe un pequeño y remoto lugar donde sus habitantes se han organizado para convertir su comunidad en un atractivo polo de turismo, que combina cultura, patrimonio y sustentabilidad.

Hasta hace poco más de cinco años, Peral Ojo de Agua no era más que el típico pueblo que aparece de forma sorpresiva, sin anuncios ni señales, en medio de la ruta hacia un destino mayor. A menos que tuvieras una emergencia insoslayable, muy pocos se tomaban la molestia de salirse del camino para conocerlo. Y es que, a favor de los viajantes, hay que reconocer que por aquel entonces en ese lugar no había mucho que ver: un campo de cultivos por aquí, un piño de cabras por allá. Y pare de contar.

No ayudaba el hecho de que la mayoría de sus habitantes fuera gente mayor. Toparse con una persona joven allí era una rareza. Claro, como en muchas zonas del interior, al cumplir cierta edad, la gente tiene que abandonar sus casas y separarse de sus familias para ir en busca de un mejor futuro. Y Peral Ojo de Agua no era la excepción.

Entonces un día ocurrió lo inesperado: un grupo de jóvenes, principalmente hijos y nietos de los comuneros, decidió regresar con la idea de reverdecer su querido Peral y ponerlo en el mapa. Y tenían bastante “materia prima” con la que trabajar: una tradición de artesanos y artesanas de larga data; uno de los cielos más prístinos de Chile; y, por si eso no fuera suficiente, un fruto silvestre único en la región: el copao. Y todo a escasos kilómetros de Fray Jorge.

La idea de convertir esta localidad en un destino turístico 100% sustentable fue el resultado de largas conversaciones. Pero hubo un hecho que fue determinante: en 2018, la comunidad se opuso de forma tenaz a un proyecto para iluminar las calles del pueblo. Su argumento fue tan simple como contundente: que su cielo no se contaminara.

Esta decisión suscitó bastante interés en la opinión pública y fue el empujón que necesitaban para dar el gran el salto. Así nación la Ruta Patrimonial Secano Costero.

Hoy, Peral Ojo de Agua es parada obligada para quienes visitan el parque nacional. Sus calles actualmente desbordan energía. En la avenida principal funciona una feria donde artesanas y artesanos exhiben con orgullo sus trabajos. La gastronomía también está presente con dos restaurantes de primer nivel, donde el copao, el fruto de un cactus endémico que crece en los cerros cercanos al pueblo, es el ingrediente estelar.

Y para quienes disfrutan de la astronomía, en las afueras de pueblo funciona un astro camping, un novedoso proyecto liderado por dos jóvenes, cuyo objetivo es ofrecer a los turistas los cielos más despejados para disfrutar del universo. Hasta ese lugar suelen llegar familias y profesionales en sus casas rodantes con el simple objetivo de conectarse con la naturaleza.

Peral Ojo de Agua es un destino que tiene de todo. Un lugar tranquilo y silencioso, ideal para desconectarte del estrés citadino. Si andas de visita por la región de Coquimbo, tómate el tiempo de conocer este pueblito. No te vas a arrepentir. Yo, sin duda, lo recomiendo.

Ubicación: localidad situada 54 kilómetros al oeste de la comuna de Ovalle, región de Coquimbo.

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Una publicación compartida por Catalina Marín (@catmarincruz)

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Una publicación compartida por Jorge Velasquez (@zorro__wild)