Yo Recomiendo: Reserva Natural Altos de Cantillana

A menos de una hora de Santiago, oculto en los recovecos de un cordón montañoso, existe un lugar donde la naturaleza se manifiesta en su estado más puro, y que alberga a dos de los 11 Santuarios de la Naturaleza que hay en la Región Metropolitana.

La Reserva Natural Altos de Cantillana es una iniciativa de conservación privada, que cuenta con una superficie total de 12 mil hectáreas. Inaugurada en 2008, su origen se remonta a fines de la década de los noventa cuando un grupo conformado por investigadores, científicos y propietarios, tras conocer los resultados de un estudio desarrollado por la Comisión Nacional del Medioambiente (CONAMA), que destacó su extraordinaria biodiversidad y sus numerosos ecosistemas asociados, decide implementar un programa de conservación a largo plazo.

Los principales objetivos de la reserva, declarada como uno de los hot-spot de la biodiversidad mundial el año 2013, son mejorar la calidad del hábitat de las especies amenazadas que allí encuentran cobijo; impulsar la actividad científica; y promover la educación ambiental, principalmente en las comunidades que viven en sus zonas cercanas.

El parque cuenta con numerosos senderos que cubren una buena porción de su superficie. Todos ellos, por supuesto, debidamente señalizados. Quienes lo visiten tienen la opción de recorrerlo de manera independiente o bien participar de una visita guiada. Para los más aventureros, existe la alternativa de participar de expediciones montadas hacia las zonas más distantes de la reserva.

Altos de Cantillana está abierto al público durante todo el año y la entrada tiene un valor de $4.000.

Para llegar a la reserva desde Santiago, debes dirigirte hacia el sur durante 47 kilómetros por la Ruta 5. Al llegar a ese punto, toma la salida Champa – Acuelo e incorpórate en la G-546. Al llegar al km 22 encontrarás el ingreso a la reserva.

Ubicación: Sector Los Hornos, comuna de Paine, Región Metropolitana.

Contacto: +56990964295

 

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Yo Recomiendo: Centro Gastronómico Caleta San Pedro

No siempre la Caleta San Pedro fue lo que es hoy: uno de los destinos obligados para los turistas que visitan la región de Coquimbo. Hasta ese lugar llegan todos los días cientos de personas a disfrutar de su enjundiosa gastronomía, actividad que, por cierto, está a cargo de un grupo de 16 emprendedoras, que a puro ñeque e ingenio lograr torcer su suerte y el de esta localidad costera.

Hasta fines del siglo pasado, San Pedro sobrevivía de la extracción de machas. Prácticamente no había persona en esta caleta que no se dedicara a trabajar con este recurso. Y, aunque hubo varias señales de escasez, reconocen sus habitantes, su sobreexplotación no se detuvo hasta que fue demasiado tarde. Sin su producto estrella, el futuro de la caleta no tenía buena pinta y, cuando todo parecía indicar que su despoblamiento era inevitable, fueron sus mujeres quienes se organizaron para salvarla. ¿Cómo lo hicieron? Pues, sacando sus cocinas, refrigeradores, comedores y ollas a la calle para atraer a los pocos curiosos que de cuando en cuando se dejaban caer por ese lugar.

“Nos instalamos en una plaza a vender nuestros platos. Como no teníamos automóviles, transportábamos nuestras cosas en carretillas hasta la playa. Allí pasábamos todo el fin de semana”, recuerda Dina Duarte, una de las fundadoras de la Agrupación Jardín del Mar y responsable del renacer de esta caleta que, curiosamente, se encuentra a escasos 10 kilómetros de la ciudad de La Serena.

El empeño de estas mujeres no tardó en despertar el interés de la gente, que paulatinamente fue llegando en mayor número para disfrutar de sus exquisitas preparaciones. El éxito de su emprendimiento los obligó a pesar en dar el siguiente paso: construir en la caleta un lugar apropiado para recibir y atender a sus clientes.

Cuenta Dina que el salto definitivo se produjo cuando Ricardo Lagos, por aquel entonces Presidente de la República, realizó una visita oficial en la zona. Una de las integrantes de la agrupación escribió una carta de su puño y letra solicitando ayuda de su Excelencia para hacer realidad su sueño. Contra todo pronóstico, la joven consiguió entregarle directamente la misiva y la respuesta no tardó en llegar. A las pocas semanas, el FOSIS se puso en contacto con ellas y, en conjunto, diseñaron un plan para construir los primeros locales. Como lo recursos no eran demasiados, fueron las propias mujeres quienes llevaron a cabo las obras.

Han pasado casi dos décadas desde entonces y hoy el Centro Gastronómico de la caleta San Pedro es un polo gastronómico de la región. Sus instalaciones están acondicionadas para recibir a más de 700 personas, los 365 días del año. Increíble, ¿verdad?

Si para tus próximas vacaciones has elegido la región de Coquimbo como destino, debes visitar este lugar. Allí no sólo te dejarás seducir por sus afamados platos, entre los que destacan el chupe de jaiba, el pescado a lo pobre y las machas a la parmesana, sino también podrás sentir el cariño y la hospitalidad de estas hermosas mujeres que, con esfuerzo y pasión, hicieron realidad un impensado sueño.

Yo lo recomiendo.

Dirección: Caleta San Pedro, La Serena, Región de Coquimbo.

Contacto: +56994093303

 

 

 

 

 

Yo Recomiendo: Parque Ahuenco

En el área costera del océano Pacífico, al sur de la comuna de Ancud, opera una de las iniciativas de conservación más importantes del Archipiélago de Chiloé. Se trata de Ahuenco, una exuberante reserva particular, de gran valor ecológico, que alberga decenas de ecosistemas propios del sur de nuestro país y que está conformado por grandes extensiones de bosque nativo, ríos, arroyos, lagunas, quebradas, dunas, islotes y playas vírgenes. Un verdadero santuario de la naturaleza, que alberga uno de los sitios de reproducción de pingüinos de Humboldt más grandes de Chile.

Ahuenco, que en mapudungún quiere decir “agua que corre”, se inauguró a comienzos de 1994 con el objetivo de preservar la flora y fauna autóctonas de esta zona de la región de Los Lagos. Sus impulsores fueron Manena del Valle y Alberto Carvacho, dos connotados científicos chilenos quienes, mientras desarrollaban un trabajo de campo en la localidad de Chepo, descubrieron este inexplorado rincón de la comuna de Ancud. Asombrados por la belleza de sus paisajes y su extraordinaria biodiversidad, junto a otros 19 socios, casi todos amigos cercanos y familiares, desarrollaron un plan para adquirir los terrenos donde se emplazaría el parque. Luego de dos décadas de infatigable trabajo, y con más de 70 colaboradores activos, la reserva posee una superficie de total de 1.200 hectáreas.

La reserva está inserta en una región donde predominan los bosques siempre verdes, con especies arbóreas como el ulmo, el coihuel y el olvillo, entre otras. En cuanto a su flora vascular, Ahuenco cuenta con 267 entidades, lo que representa el 66% de las especies registradas en el Archipiélago.

En cuanto a la fauna, la reserva es hábitat de 94 especies, de las cuales 79 corresponden a aves, un reptil y 14 mamíferos, entre los que destacan el zorro chilote, la guiña, el chungungo, el pudú y el monito del monte. También es hogar de tres tipos de cetáceos, el delfín austral, la ballena franca y la orca.

Uno de los sellos de esta reserva es que sea un lugar abierto a la comunidad, donde se pueda desarrollar educación ambiental, turismo sustentable e investigaciones científicas. En el parque existen ocho zonas habilitadas para acampar, que cuentan con las instalaciones elementales, como baños, fogones y mesas. Es fundamental que, al momento de planificar tu viaje, te pongas en contacto con la gerencia de Ahuenco (info@ahuenco.cl), para que conozcas de antemano sus reglas de funcionamiento y todo lo que tiene relación con la logística.

Como todo buen tesoro, Ahuenco no es un lugar al que se acceda con facilidad. Desde la ciudad de Ancud, debes avanzar durante 25 kilómetros en dirección sur por la Ruta 5. Al llegar al restaurante “El Transportista”, toma el desvío en dirección a Chapu y sigue por 15 kilómetros. Al final de ese camino te encontrarás con la sede del Sindicato de Pescadores de esa localidad. Desde allí, tienes que subirte a una lancha y navegar el río Chepo hasta llegar a su desembocadura en el Océano Pacífico. Ya en tierra firme, comienza la última etapa de la travesía: un sendero natural de ocho kilómetros de extensión, que combina tramos de bordemar con otros de bosque nativo, que te lleva hasta al ingreso a la reserva.

Ubicación: Localidad de Chepo, comuna de Ancud, Isla Grande de Chiloé, Región de Los Lagos.

Contacto: +56 98464 7374

Sitio web: https://www.ahuenco.cl/informacion/contacto/

 

 

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Yo Recomiendo: El Litoral de los Poetas

Aunque es uno de los destinos más visitados por los santiaguinos y las zonas aledañas, no muchos saben que el Litoral Central, una larga franja costera situada entre las comunas de Santo Domingo y Algarrobo, en la región de Valparaíso, es también un lugar estrechamente vinculado a tres de las figuras más trascendentales de la poesía chilena: Vicente Huidobro, Pablo Neruda y Nicanor Parra.

Fue en esa zona -que durante los meses de verano la costa Pacífica se llena de quitasoles, toallas, baldes e itinerantes y bulliciosos parques de diversiones- donde los bates decidieron pasar sus últimos días, alejados del ajetreo citadino, para dar rienda suelta a sus últimos latigazos de inspiración. Coincidencia o no, cada uno escogió un lugar que, de alguna manera, representaba su poesía.

Vicente Huidobro, el gran señor de la poesía, decidió instalarse en un caserón de campo en la cima de un cerro desde donde se puede ver la hermosa Cartagena en toda su dimensión. A mediados del siglo XIX, este balneario se convirtió en el destino predilecto para la aristocracia chilena y también para los representantes del mundo de la política y la cultura nacional, entre los que figuraba el padre del bate. Por eso se explica su refinada y ampulosa arquitectura, muy al estilo europeo. Con los años, su elegancia fue desvaneciéndose hasta convertirse en una de las playas más populares de Chile. La residencia del impulsor del creacionismo actualmente es un museo abierto al público, que alberga gran parte de su patrimonio cultura. En el cementerio de esa ciudad, enclavada a pocas cuadras del que fuera su hogar, yacen sus restos, frecuentemente visitados por sus seguidores, quienes suelen dejar como ofrenda flores, páginas de libros y uno que otro poema.

Algunos kilómetros más al norte, en el mítico balneario de Isla Negra, se encuentra la casa donde Pablo Neruda vivió junto a su tercera esposa, Matilde Urrutia. Adquirida en 1939, las colecciones más importantes del poeta están ahí: mascarones de proa, mapas, réplicas de veleros, barcos dentro de botellas, caracolas marinas y dientes de cachalote; también pipas, zapatos antiguos y máscaras, entre otros. Esta propiedad, declarada monumento histórico nacional en 1990, también funciona como museo.

A menos de 10 kilómetros de Isla Negra, en el discreto balneario de Las Cruces, yace escondido entre cerros, bosques de pinos y escarpadas quebradas, el refugio de la última leyenda de la poesía chilena del siglo XX: el inefable Nicanor Parra. A diferencia de las de Neruda y Huidobro, la casa del antipoeta, quien falleció en 2018 a los 103 años, es más sencilla, aunque no por eso menos atractiva. Si bien aún no es posible ingresar a sus dependencias, sí puedes recorrer el barrio por donde el genial artista paseaba libremente y sin mayores preocupaciones.

¿Sabes qué es lo mejor de este destino? Que, si te organizas bien, tienes tiempo de sobra visitarlo durante el día, con desayuno, almuerzo y cena incluidos. ¿Qué te parece?

Por eso, a la Ruta de los Poetas yo lo Recomiendo.

Ubicación: Litoral Central. Comunas de Cartagena, El Tabo y El Quisco.

 

 

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Yo Recomiendo: Termas de Sotomó

Al interior de la comuna de Cochamó, específicamente en la costa norte del majestuoso Estuario de Reloncaví, se encuentra una de las reservas naturales más exuberantes de la región de Los Lagos. Enclavado entre caudalosos ríos y vecino del Parque Nacional Alerce Andino, este recinto particular, propiedad de la familia Grunewald, posee una superficie de 200 hectáreas, cubierta casi en su totalidad por milenarios y espesos bosques nativos. Su principal atractivo, tal como indica su nombre, son sus espectaculares termas azufradas, que emergen con el descenso de la marea, y que provienen de las entrañas del volcán Yates.

Cuenta Hernieta Grunewald que este vasto terreno fue adquirido por su padre en 1951. Asombrado por la belleza de su entorno, conformado por alerces milenarios, lagunas, arroyos y con el imponente volcán Yates como telón de fondo, desde aquella época comenzó a fraguar el que sería el proyecto más importante de su vida: convertir este lugar en un destino turístico y científico, cuyo sello sería la conservación de su flora y fauna nativas. Hace dos décadas, Hernieta decidió dejar su vida en la ciudad y continuar el legado de su padre.

No fue fácil para la familia materializar este sueño. Habilitar el campo y las termas requirió de mucho esfuerzo, principalmente por la compleja conectividad. Porque, para llegar a Sotomó, sólo puedes hacerlo navegando. Esta condición, por contraparte, es una de las mayores virtudes de la reserva.

Como les comenté al principio, para disfrutar de las propiedades medicinales de los pozos termales debes esperar que las aguas del estuario bajen. Pero eso no quiere decir que tu estadía en Sotomó se concentre únicamente en ese atractivo. Para los amantes de la pesca deportiva, la reserva cuenta con diferentes sectores donde abundan los salmones, róbalos y jureles. También puedes hacer trekking en medio de exuberantes bosques nativos y navegar hacia las loberías y los criaderos artesanales de trucha.

Para conocer y disfrutar de este paraíso natural, debes programar tu visita con la administración del parque. Ellos disponen de lanchas que cruzan el estuario. Las salidas se efectúan en Puerto del Yates, una pequeña localidad rural ubicada a 25 kilómetros de Cochamó.

Ubicación: Sotomó, Cochamó, Región de los Lagos.

Contacto: celular: +56 9 9360 0304 | https://www.termasdesotomo.cl/

Yo Recomiendo: Saltos del Laja

Es una de las postales turísticas más icónicas de nuestro país. Tanto así, que es considerado la puerta de entrada al sur de Chile. Estoy hablando de los míticos Saltos del Laja, un conjunto de cascadas que emergen de forma sorpresiva a un costado de la Ruta 5, en el límite sur de la ciudad de Chillán, y que conforman un espectáculo único e imperdible para los turistas que visitan la región del Biobío.

En el pasado, aseguran los historiadores, fue sitio ceremonial para el pueblo mapuche. Allí los ancianos solían reunirse para meditar, mientras los más jóvenes ponían a prueba su valor cruzando una de sus caídas de un extremo a otro.

Este atractivo natural está conformado por cuatro saltos. El principal tiene una altura de 35 metros. La segunda caída, apostada a un costado de la principal, tiene 25 metros. La tercera cascada, conocida como “Salto Chico”, y mide 25 metros. La cuarta, de 20 metros, está justo detrás de la anterior.

Es cierto que en Chile hay saltos mucho más grandes de los del Laja, pero lo que sorprende de este lugar, además de su singular forma, similar al de un anfiteatro, es la colosal fuerza con la que sus aguas caen al vacío y el ensordecedor rugido que éstas provocan al golpear con la base, un sonido perceptible a cientos de metros de distancia.

Pero los imponentes saltos no son los únicos atractivos naturales de la zona. Alrededor de estos abundan lugares de enorme belleza y escasamente visitados. Unos cuantos kilómetros al este de las cascadas, la ribera del río Laja cobija una exuberante reserva de flora nativa, con bosques de gran espesura, misteriosas cuevas y enormes pozones que en ciertas épocas del año se transforman en apacibles piscinas naturales. Para llegar a los rincones más apartados, hay varias agencias de turismo que ofrecen travesías navegables, así como servicios de cabalgatas y excursiones.

Pero el encanto de este atractivo natural no se limita exclusivamente a sus increíbles paisajes. En los sectores aledaños a los saltos hay varios restaurantes con gastronomía típica de la zona y a excelentes precios. La infraestructura de alojamiento también es diversa, con hoteles, hosterías cabañas y campings disponibles durante todo el año.

Definitivamente, los Saltos del Laja son un imperdible de la región del Biobío. Yo los recomiendo.

Ubicación: Los Saltos del Laja se encuentran en la comuna de Los Ángeles, región del Biobío, el kilómetro 480 de la Ruta 5 Sur.

 

Yo Recomiendo: Jugos de huesillo Copihue

En el corazón de Independencia, uno de los barrios más tradicionales de la capital, se encuentra la fábrica de Jugos de huesillo “Copihue”. Con más de 40 años de historia, este negocio es famoso en todo Chile por su sabor y contundencia.

Parada obligada para quienes visitan esta comuna, la empresa cuenta con más de 30 carros que distribuyen su tradicional producto en diferentes sectores de Santiago.

Foto de un Mote con Huesillo marca Copihue
Foto de un Mote con Huesillo marca Copihue

Su popularidad es tan grande que, para cubrir su demanda durante los meses de verano, utilizan 120 toneladas de durazno deshidratado. Otro dato revelador: sólo en septiembre venden más 200.000 litros. No es casualidad entonces que Copihue pertenezca al selecto grupo de los denominados “Reyes de…”.

Lo que más llamó mi atención la primera vez que visité la fábrica, además de la enorme cantidad de clientes que hacía fila para capear el calor, fue el origen del negocio.

Mujer sosteniendo un Mote con Huesillo Copihue
Mujer sosteniendo un Mote con Huesillo Copihue

A fines de la década del 70, 33 vendedores ambulantes de maní confitado se agruparon para darle un giro a sus vidas. En una de sus reuniones surgió la idea de ofrecer mote con huesillos. Los comerciantes se organizaron y, tras cumplir una serie de exigencias sanitarias, consiguieron la autorización para convertirse en los primeros fabricantes y distribuidores de este brebaje en el gran Santiago.

Mientras conocía las instalaciones de Copihue, Vitalia Logan, una de sus fundadoras, reveló el secreto de su éxito: todos los ingredientes con los que trabajan son 100% naturales, sin preservantes y aditivos. El clásico color tostado del jugo se obtiene de la azúcar quemada que ahí mismo preparan.

Abuelita sosteniendo un Mote con Huesillo Copihue
Abuelita sosteniendo un Mote con Huesillo Copihue

Terminado el recorrido, con Vitalia nos instalamos en la pequeña pérgola donde los clientes se sientan a disfrutar sus bebidas. El dulzor de los duraznos (que por política del local vienen sin cuesco), el frescor del jugo y el sabor inconfundible del mote, calaron profundamente en mi estómago. Aunque estaba completamente satisfecho, no pude negarme a repetir la dosis. Como dicen por ahí: un majar.

Copihue es sinónimo de excelencia y tradición. Un sueño que nació hace más de cuatro décadas y que hoy, qué duda cabe, es una leyenda viva. Yo, sin dudar un segundo, lo recomiendo.

Dirección: General de La Lastra 1149, comuna de Independencia, Región Metropolitana.

Contacto: 224575031 – 224575030

Sitio web: http://www.copihuechileno.cl/

Yo Recomiendo: Las delicias de Nora Melillanca

En la ribera sur del río Bueno, específicamente el sector rural de Cullipulli, se encuentra uno de los tesoros gastronómicos mejor guardados de la comuna de la Unión. Kumillal es el nombre del centro culinario a cargo de Nora Melillanca, quien desde hace una década recibe a los turistas que navegan las tranquilas aguas de este hermoso afluente sureño para deleitarlos con sus preparaciones caseras de influencia mapuche.

Enclavado en un territorio cuya belleza escénica estremece con sus paisajes coloridos y silvestres, Kumillal, que en lengua mapuche quiere decir “comida deliciosa”, es resultado de años de esfuerzo y perseverancia. En un comienzo, explica Nora, su negocio consistía en ofrecer pan amasado a los navegantes que circulaban en dirección a la desembocadura del Bueno, en el Océano Pacífico. No era algo formal, sino una manera de generar recursos extras para su familia. El repentino auge del turismo en esta zona de la región de Los Ríos, le dio a Norma una oportunidad para emprender, que ella no desaprovechó.

El quincho donde Nora recibe a los visitantes está construido con madera nativa y destaca por su calidez y simpleza. Ella misma prepara la comida y atiende a los turistas con la hospitalidad y calidez propia del sur de Chile. Aunque su carta varía según el día, la cazuela de ave es la especialidad de la casa. Contundente y sabrosa, el secreto de su receta está en el ají. Antes de integrarlo en el caldo, explica la emprendedora, es dorado en aceite, lo que le da un tono rojizo bastante peculiar, que es su sello.

Tuve el privilegio de “probar la mano” de Nora y su talento es sencillamente prodigioso. Su cazuela fue un viaje a mi infancia, cuando disfrutaba de las preparaciones de mi abuela. No puedo dejar pasar sus sabrosas sopaipillas y la salsa de verduras, sazonadas con vinagre y pulpa de manzana, que fueron el complemento perfecto para el plato principal.

Nora ha debido remar incansablemente para llegar hasta donde está. Su historia es la de una mujer fuerte y apasionada que, gracias a su incombustible esfuerzo, ha podido sacar adelante a su familia y sus hijos, quienes pudieron cumplir el sueño de ser profesionales. Detrás de cada preparación, de cada plato, hay una gran dosis de amor, que es, en definitiva, el ingrediente más importante de todos.

A Nora y sus delicias yo la recomiendo.

Dirección: Sector Cullipulli, La Unión, Región de Los Ríos

Contacto: +56 953844624

Yo Recomiendo: Las sorprendentes Pirámides de Sal de Caldera

Pocos lugares en el mundo poseen la magia del Desierto de Atacama. Inconmensurable y silencioso, su caprichosa desnudez estremece y eriza la piel a medida que te internas por sus yermos y desolados paisajes. Su particular geografía, sus singulares texturas y sus variopintos colores, dan forma a un escenario natural único e irrepetible.

Un claro ejemplo es la Quebrada de la Higuera, un geositio de la comuna de Caldera, ubicado 31 kilómetros al sureste de esa ciudad. Un lugar que alberga un atractivo natural increíble, que curiosamente no ha sido del todo difundido. Les hablo las “Pirámides de Sal”, un conjunto de pequeños cerros conformados por arena y sal, cuyo parecido con las maravillas de Egipto es realmente asombros.

Estos montículos, que en promedio alcanzan una altura de seis metros, se formaron hace aproximadamente 11 millones de años por efecto de las lluvias y el viento. Se trata de remanentes de erosión, verdaderos testigos de la sistemática evolución del planeta. Su relevancia, por cierto, no sólo es paisajística, pues se trata de un lugar que alberga miles de restos fósiles de marinos, que destacan por su variedad y su excelente estado de conservación. Tanto así, que las Pirámides de Sal son consideradas el fosilífero más importante de Chile.

Como todo buen tesoro, las Pirámides de Sal no se dejan ver con facilidad. Sabemos de sobra que, a pesar de su apariencia, el desierto es un verdadero laberinto, que nunca debes subestimar. Por eso, cuando decidas ir en busca de este espléndido lugar, te sugiero ir acompañado. Álvaro Espinoza, alias “El Chango Rubio”, es un guía oriundo de Copiapó que conoce la zona como la palma de su mano. Hace algunos años creó su emprendimiento turístico con el objetivo de dar difundir y poner en valor los desconocidos atractivos naturales de la región de Atacama, en particular su desierto.

Álvaro explica que, para disfrutar de este majestuoso recinto natural, lo ideal es estar ahí al mediodía. A esa hora, los pliegues y relieves de la arena se exponen directamente al sol, formando un paisaje de colores y sombras visualmente extraordinario.

“Las Pirámides de Sal” es un lugar sencillamente asombroso, enclavado en la Atacama profunda y desconocida. Un atractivo natural que muy pocos han tenido la fortuna de conocer y que todo amante de la naturaleza debiera visitar alguna vez en la vida.

Por eso, a Álvaro y las Pirámides de Sal, yo los recomiendo.

  • Ubicación: Copiapó, Región de Atacama
  • Contacto: Álvaro Espinoza, Agencia Atacama Walk, +56971041690
  • Instagram: Atacama Walk

Yo recomiendo: El Medanoso

Si hablamos del “desierto más árido del mundo”, la primera imagen que se nos viene a la cabeza es la mundialmente conocida comuna de San Pedro. Visitado durante todo el año por miles de personas, junto a Rapa Nui y Torres del Paine, este destino se erige como uno de los polos turísticos más emblemáticos del país. Pero, lo cierto, es que el norte de Chile cuenta con muchos más lugares por descubrir y visitar. La región de Atacama es un buen ejemplo. Allí, la lista de atractivos es enorme y con un verdadero potencial turístico que, sorprendentemente, aún no ha explotado del todo.

La mejor prueba es “El Medanoso”, el campo de dunas más grande de Chile. Perdido en medio del desierto, este sitio posee una superficie de 330 kilómetros cuadrados y una altura que supera los 550 metros. Majestuoso y colosal, la notable singularidad de su estructura y el gran volumen de arena que da forma a sus empinados cerros, lo convierten en un sitio de una enorme belleza, pero también muy relevante en términos científicos.

Como todo buen tesoro, el Medanoso no es un lugar al que se acceda con facilidad. El desierto es un verdadero laberinto y, si te vas a internar en él, más te vale ir acompañado. En caso contrario, las posibilidades de extraviarse son bastante altas y sus consecuencias, impredecibles. Por eso, cuando decidimos ir en busca de este misterioso sitio, me puse en contacto con Carlos Pizarro y Rodrigo Tapia. Oriundos de Copiapó, ambos conocen los yermos páramos del desierto como la palma de sus manos y desde algún tiempo idearon un emprendimiento local con un desafiante objetivo: posicionar turísticamente a esta zona de la región con el gigantesco campo de dunas como su principal atractivo.

Para llegar al Medanoso, Carlos y Rodrigo utilizan buggys, vehículos de doble tracción que se adaptan a las condiciones del terreno. Montarse en una esas máquinas y perderse en la pampa es una aventura en sí misma. Mientras avanzábamos, Carlos me explicó que, para conocer las dunas en su real dimensión, lo ideal es estar ahí al mediodía. A esa hora, los pliegues y relieves de la arena se exponen directamente al sol, formando un paisaje de luces y sombras visualmente extraordinario.

Para quienes practican sandboard, este lugar es el paraíso. Así lo demostró Carlos, quien descendió sobre una tabla cerca de 300 metros a una velocidad promedio de 35 kilómetros por hora.

Como pueden ver, El Medanoso es un atractivo que deslumbra por su belleza y que todo amante de la naturaleza debería visitar alguna vez en la vida. Es un viaje hacia la Atacama más profunda y desconocida, a la que muy pocos turistas han llegado.

Por eso, a Carlos, Rodrigo y las dunas del Medanoso yo los recomiendo.

  • Ubicación: Copiapó, Región de Atacama.
  • Contacto: Carlos Pizarro, Agencia Chillitrip, +56 981909019