Yo recomiendo: Centro Gastronómico de Nehuentue

Casi al llegar a la desembocadura del río Imperial, en la zona costera de la región de la Araucanía, se encuentra Nehuentue, una pequeña localidad conocida por ser la capital del choro maltón de Chile.

Ubicada al interior de la comuna de Carahue, todos sus habitantes, de un modo u otro, están relacionados con el que es considerado su producto estrella. Allí, donde las aguas dulces y saladas se mezclan se encuentran los principales cultivos de este marisco del sur de nuestro país.

Choro Zapato en el Centro Gastronómico Nehuenté
Choro Zapato en el Centro Gastronómico Nehuenté

En el Centro Gastronómico de Nehuentue, un hermoso edificio construido en madera nativa, funcionan cinco cocinerías, todas regentadas por las vecinas de este poblado. En uno de esos locales fue donde conocí a Cecilia Sanhueza, la impulsora de este emprendimiento comunitario, con casi una década de funcionamiento. Apenas comenzamos a conversar, Cecilia no pudo contener las lágrimas al recordar cómo era la vida para las mujeres antes de la puesta en marcha de esta iniciativa.

Cecilia Sanhueza, Presidenta Centro Gastronómico Nehuenté
Cecilia Sanhueza, Presidenta Centro Gastronómico Nehuenté

Me dijo que Nehuente, ubicado 87 kilómetros al oeste de Temuco, era un lugar de paso para los viajeros que iban o venían de Puerto Saavedra. Salvo una linda panorámica del río, allí no había mucho más que hacer. Mientras los hombres salían temprano en sus botes para trabajar en los cultivos, las mujeres quedaban a cargo del cuidado de los hijos y las labores domésticas. Como en muchos lugares de Chile, no tenían ingresos y eran dependientes económicamente.

Entrada Centro Gastronómico Nehuente
Entrada Centro Gastronómico Nehuente

Fue justamente la necesidad de romper con esa realidad lo que empujó a las mujeres de Nehuentue, que en mapudungun se traduce como “lugar de esfuerzo”, a convertir esta localidad uno de los destinos culinarios más potentes de la costa de la Araucanía.

Fue un proceso largo y extenuante, donde tuvieron que batallar contra la indiferencia, incredulidad y la falta de recursos, pero que, gracias al esfuerzo y perseverancia, dio sus primeros frutos con la llegada del nuevo siglo. Hoy, con más de dos décadas de trayectoria, el centro gastronómico es visita obligada para los turistas que visitan Puerto Saavedra y el Lago Budi.

Centro Gastronómico Nehuenté
Centro Gastronómico Nehuenté

Junto a Cecilia, quien fue mi guía en esa visita, recorrí las cocinerías y conversé con sus locatarias. El orgullo y talento de estas mujeres no sólo se reflejaban en sus enjundiosas preparaciones. Detrás de cada mirada, cada gesto y cada sonrisa había dignidad, aplomo, amor propio.

Mi estadía, cómo no, terminó en una de las mesas del centro gastronómico. La lista de preparaciones era abundante, pero ya que estaba en la capital del choro maltón, la prioridad la tenía su producto estrella.

La espera estuvo amenizada por unas sabrosas sopaipillas con pebre y pan amasado con mantequilla casera. Cuando vi a Cecilia acercarse con una paila que casi tapaba por completo su rostro, comprendí que en Nehuentue la calidad y cantidad son una misma cosa.

Restaurante en el Centro Gastronómico Nehuenté
Restaurante en el Centro Gastronómico Nehuenté

Mi primera impresión al tener frente a mis ojos esos choros maltones al vapor, fue de desconcierto. Nunca en mi vida había visto algo tan grande. Y qué decir de su sabor: fresco, intenso, aromático, irresistible. La longaniza artesanal que acompañaba a los mariscos, fue el corolario de una técnica culinaria depurada, llena de talento, creatividad y amor.

Con el estómago lleno y el corazón contento, me despedí de Cecilia y sus compañeras prometiéndoles regresar apenas el destino me llevara nuevamente a este verdadero tesoro de la Araucanía. Aunque la suerte no nos ha vuelto a cruzar, en ningún caso eso quiere decir que no recuerde el cariño y la hospitalidad de esas mujeres que demostraron que, con esfuerzo y pasión, los sueños se pueden hacer realidad.

¡Por eso, a Nehuentue y sus apasionadas mujeres yo las recomiendo!

  • Ubicación: Nehuentue, comuna de Puerto Saavedra, región de la Araucanía
  • Contacto: Cecilia Sanhueza: +56 9 98419186

Yo Recomiendo: El Kiosko Roca

La primera vez que escuché hablar del Kiosko Roca fue días antes de visitar por primera vez Punta Arenas, hace ya casi siete años. Lo primero que me aclararon fue que este lugar no era un puesto de diarios ni revistas, sino una tradicional picada gastronómica, un imperdible de la capital de Magallanes.

Lo segundo –y lo más importante- tenía que ver con la preparación más popular de su carta, que a primeras podía parecer extraña, pero que, apenas la probara, mi sentido del gusto entraría en una dimensión inexplorada. ¿Saben de qué se trataba? De un choripán acompañado nada más ni nada menos que de una leche con plátano. Sí, leyó bien. Longaniza y leche.

Familia disfrutando en el kiosko Roca

El Roca, como les comenté, es un clásico. El negocio es pequeño y, para quien no lo ha visitado, puede pasar desapercibido. Una vez dentro, lo primero que llama la atención es la enorme colección de banderines, camisetas y posters del club Universidad de Chile.

Debo reconocer que, siendo un confeso hincha colocolino, estar rodeado de tanta publicidad “bullanguera” al principio me desconcertó. Pero esta sensación se esfumó apenas conocí a la cariñosa y carismática Rosario Rodríguez, quien fue su administradora por más de tres décadas hasta su lamentable fallecimiento, en 2016.

Plato principal del Kiosko Roca

Inaugurada en 1932, durante 15 años ocupó un edificio emplazado en el corazón de la ciudad, junto a la catedral y la Plaza de Armas. En 1947, se trasladó hasta la calle Roca, donde ha funcionado ininterrumpidamente desde entonces.

Sin bien por aquel tiempo el sándwich de chorizo estaba en la carta, no fue sino hasta mediados de los 70 cuando la leche con plátano irrumpió en la receta, convirtiéndose con el paso del tiempo en un clásico de la región. El resto es historia.

Seguramente se deben preguntar cómo es el choripán con leche con plátano. Mi respuesta es categórica: increíble. La combinación de sabores es difícil de explicar con palabras. Lo único que puedo afirmar con propiedad es que, cada vez que voy a la ciudad, siempre me hago un tiempo para visitar el Roca.

Menú del Kiosko Roca

Con el paso de los años, la fama de este restaurante trascendió las barreras geográficas y se hizo conocido en todo el país. De hecho, en 2012 fue galardonado como la mejor picada de Chile, título otorgado nada menos que por el Ministerio de Cultura y las Artes.

Este premio fue el impulso que necesitaba la familia para crecer y probar suerte en otras latitudes. Actualmente, el Roca tiene una sede recientemente inaugura en el centro de Santiago, a pasos de la Plaza de Armas. Como ven, no es necesario viajar hasta el último rincón del mundo para dejarse seducir por esta exótica preparación.

El Roca es la manifestación viva de la calidez y hospitalidad del pueblo magallánico. Allí, los sabores, la alegría y la camaradería forman parte de un todo. Aunque la querida Rola ya no está con nosotros, su legado está más vivo que nunca. Su pasión, su esfuerzo, su entusiasmo son valores que transmitió a su familia, cuyos integrantes han tomado la posta para llevar a este mítico kiosko al sitial que merece.

Datos de contacto

  • Pdte. Julio A. Roca 875, Punta Arenas, región de Magallanes
  • Hermanos Amunátegui 528, Santiago centro, región Metropolitana
  • Punta Arenas: +56 61 222 3436
  • Santiago: +56 2 2944 4955
  • Horario: de lunes a viernes, desde las 07:00 hasta las 19:00 horas. Sábados, de 08:00 a 13:00 horas
  • Sitio web: www.kioskoroca.cl

Yo Recomiendo: Donde la Pola

A la querida Pola la conocí en 2016 cuando, junto al equipo de Lugares que Hablan, viajamos hasta Cochamó, una pequeña y perdida comuna de la región de Los Lagos, enclavada en una de las riberas del hermoso Estuario de Reloncaví.

Restaurante Donde La Pola

Mientras en caleta La Arena esperábamos la salida de uno de los trasbordadores que nos acercaría a nuestro destino, Catador bajó de la camioneta y entró en uno de los negocios que había en el lugar. Al cabo de unos minutos, recibimos su llamado. Aún recuerdo sus palabras exactas:

-Vengan a ver estas empanadas, por favor.

Si hay algo que reconozco en Catador es su privilegiado sentido del gusto, que ha ido puliendo con el paso de los años. El ferry estaba por zarpar, pero la tentación de probar una de esas empanadas era tan grande, que no vacilé en salirme de la fila de autos y estacionar frente al restorán. No bien bajamos de la camioneta, un intenso aroma que sólo puedes percibir en el sur de Chile llenó mis pulmones.

Al entrar al negocio, la carismática Polita salió a nuestro encuentro. Su calidez y espontaneidad me conquistaron de inmediato. Mientras mis compañeros debatían qué empanda escoger, la Pola me contó era de Santiago y que, a fines del 2000, ella y su familia decidieron radicarse en esta región para empezar una nueva vida.

Dueña del restaurante La Pola

Su talento para cocinar, me explicó, lo heredó de sus padres. Al principio, la oferta de productos que tenía el local era mucho más variada. Pero la demanda por las empanadas era tan grande, que optaron especializarse en este tipo de masa. ¡Y vaya que acertaron.!

El negocio de la Pola es sencillo, no así enjundiosas preparaciones. Con más de 20 años de tradición, este lugar es parada obligada para aquellos viajeros que emprenden la aventura por la mítica Carretera Austral.

Empanadas del restaurante La Pola

Son 14 variedades de empanadas, todas sabrosas y contundentes, tal como me gustan. Aunque las más solicitadas son las de queso, mariscos y camarón, a mí me sedujo la de manzana. Con sólo recordar su sabor, mis papilas gustativas se activan como una alarma contra incendios.

Recorrer Chile es un privilegio, sobre todo cuando tienes la oportunidad de conocer a gente como la Pola, una mujer luchadora y optimista, que gracias a su talento y esfuerzo logró abrirse camino y hacer de su local uno de los más reconocidos de esta zona del país.

Pancho Saavedra y La Pola

Mi reconocimiento también para Miguel Ángel Flores, don Polo, el marido de mi amiga, quien hace algunos meses falleció después de batallar durante largo tiempo contra un rebelde tumor

Porque el esfuerzo, talento y perseverancias de las personas como la Pola merecen ser reconocidas en todo Chile, a la Pola y su deliciosas empanas yo las recomiendo.

Yo recomiendo: El Crucero Skorpios y la Ruta de los Chonos

No sé si fue a los 10 o 12 años cuando escuché hablar por primera vez sobre la Laguna San Rafael. En mi memoria tengo la imagen de un lugar mágico, de grandes bloques de hielo flotando en el agua y monumentales glaciares dominando un paisaje profundamente blanco, frío y desolado.

Quienes habían tenido el privilegio de llegar hasta allá, decían que difícilmente volverían a conocer un lugar tan bello como ése y que, si pudieran regresar, no lo dudarían un solo segundo.

Pancho Saavedra en la ruta chonos

Recuerdo que San Rafael deambuló en mi mente durante algún tiempo y se convirtió en una inocente e infantil obsesión. Por eso, cuando casi 30 años más tarde me enteré que junto al programa iríamos hasta ese recóndito paraje de Chile a bordo del mítico crucero Skorpios, me costó creer que fuera cierto.

Como pueden imaginar, mis expectativas eran altísimas y mi entusiasmo, contagioso. Salimos desde el Aeropuerto de Santiago de madrugada y aterrizamos en la bella ciudad de Puerto Montt. Allí, fuimos recibidos por personal de Cruceros Marítimos Skorpios, la empresa de la familia Kochifas, que desde 1976 realiza excursiones turísticas por los canales y fiordos patagónicos, teniendo la Laguna San Rafael como el destino final de una travesía en la que, desde el preciso instante en que abordas la montonave, la naturaleza se manifiesta en su estado más puro y salvaje.

Zarpamos justo al mediodía. Mientras nos alejábamos lentamente de Puerto Montt y avanzábamos en dirección sur por los canales del archipiélago de Llanquihue, aproveché el tiempo para recorrer las instalaciones de este el mítico crucero.

Pancho Saavedra en la Laguna San Rafael

Construido en 1988, el Skorpios II tiene una longitud de 70 metros, una maga de 10 y un calado de 2,87 metros. Fue completamente remodelado en 2010 y cuenta con capacidad para albergar hasta 106 pasajeros.

Dividido en cinco cubiertas, el barco dispone de habitaciones dobles espaciosas y cálidas, un gran comedor, dos salones de bar y amplias terrazas para contemplar el paisaje.

Imagen del crucero Skorpios II

Nos adentramos en el Golfo de Ancud y navegamos por cerca de cuatro horas. Nuestra primera para fue en Quemchi, una comuna ubicada al norte de la Isla Grande de Chiloé. Allí, tuve la suerte de reencontrarme con algunos amigos que había conocido en mis viajes anteriores, con quienes me puse al día.

Junto a la tripulación y al resto de los pasajeros, recorrimos este encantador pueblito de calles estrechas y de casas revestidas con tejuelas de alerce. Después de conocer el hermoso trabajo de las artesanas, disfrutamos de un genuino curanto al hoyo, una de las tradiciones culinarias más fascinantes del sur de Chile.

Después de disfrutar de una extraordinaria cena preparada por los chefs del crucero, dejamos atrás el Golfo de Corcovado y nos adentramos por los canales patagónicos.

Equipo de Lugares Que Hablan en la Ruta Chonos

A primera hora de la mañana atracamos en Puerto Aguirre, un pueblito de pescadores artesanales enclavado en una de las islas del Archipiélago de los Chonos. Recorrimos sus calles, compartimos con sus habitantes y nos internamos por un sendero que cruzaba un bosque exuberante hasta llegar a la cima de un mirador. Desde allí, puede contemplar la enmarañada geografía patagónica.

Decenas de canales y fiordos formando un gigantesco puzzle difícil de describir en palabras. Unas horas más tarde, volví a sentir algo parecido al desembarcar en las inmediaciones del Islote Barrientos, un conjunto de rocas donde habita la mayor cantidad de aves marinas de la región de Aysén.

Pancho Saavedra viajando en el Crucero Skorpios II
Pancho Saavedra viajando en el Crucero Skorpios II

Sumidos en un silencio sigiloso, contemplamos cormoranes imperiales, liles y gaviotas conviviendo armoniosamente con una nutrida colonia de lobos marinos de dos pelos. Un verdadero paraíso para los fotógrafos y espectáculo para quienes amamos la naturaleza más pura.

A eso de las seis, después de disfrutar de un coctel de media tarde, zarpamos hacia Punta Leopardo, la última escala antes de llegar hasta ese lugar que rondaba mi mente desde la infancia: la mítica Laguna San Rafael.

Pancho Saavedra en los glaciares de Chile

Esa noche, como era de esperar, dormí poco. La ansiedad por llegar hasta San Rafael era tanta, que pasé gran parte de la madrugada recorriendo el Skorpios. La noche era tan oscura, que era imposible ver más allá de la cubierta. El frío era intenso, pero no lo suficiente como para empujarme a alguno de los salones.

Junto a un turista británico, que estaba tan expectante como yo, cruzamos algunas palabras. Recuerdo que, en un castellano bastante fluido, me dijo que llevaba muchos años visitando Sudamérica y que ésta era su tercera visita al país. “Chile es un paraíso. Son unos privilegiados de vivir acá”, dijo con sincera emoción.

A las siete y media de la mañana, después de desayunar algo liviano (estaba demasiado nervioso para comer), el Skorpios se internó en la rada San Rafael y el Canal Témpanos. A eso de las nueve, entramos a la laguna y fondeamos a dos kilómetros del Glaciar. Nos montamos en botes a motor y comenzamos una excursión cuyo recuerdo me acompañará por el resto de mi vida.

Pancho Saavedra y el catador en la Ruta Chonos

Navegar sorteando enormes bloques de hielos milenarios, de tonos multicolores, es una experiencia mucho más fascinante de lo que había imaginado a los 10 o 12 años. Aún con la piel erizada por la emoción, regresamos al crucero y poco después nos acercamos hasta el glaciar, donde pudimos contemplar su colosal belleza y ser testigos de un impresionante fenómeno natural: ver el desprendimiento de una gran masa de hielo de la gigantesca pared blanca.

Con la fortuna de nuestro lado, celebramos ese acontecimiento brindando con un vaso de whisky con un trozo de ese mismo hielo en su interior. Jamás volveré a probar algo igual.

Pancho Saavedra y el crucero Skorpios II

Con uno de mis grandes anhelos hecho realidad, emprendimos el retorno con Dalcahue como destino de desembarco. Como corolario de esta gran experiencia, antes de internarnos por los canales Morealeda y Pérez Norte, a la mañana siguiente descendimos en Punta Quitralco, donde disfrutamos de un baño termal, que me sirvió para recuperar energías y reflexionar sobre lo que acababa de vivir.

¿Si me preguntan si volvería a repetir esta travesía sobre el Skorpios II? Mi respuesta es un SÍ con mayúsculas. Aunque las palabras estén demás, debo decir que sí, Yo recomiendo dejarse llevar por esta aventura.