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En primera persona: Lago Riñihue

En Primera Persona: Un viaje en el tiempo al hermoso lago Riñihue

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Quiero agradecerle a la familia de UNIMARC que creyó en este proyecto desde el día 1 y han estado ahí acompañándome en la linda tarea de mostrar las maravillas de Chile. ¡Gracias UNIMARC!

Con los volcanes Mocho y Choshuenco como dominadores de un paisaje cuya belleza escénica estremece, el lago Riñihue es uno de los destinos más sorprendentes de la zona precordillerana de la Región de Los Ríos. Situado en la comuna de Panguipulli, es la última estación de un alambicado complejo lacustre conocido popularmente como los “Siete Lagos”.

Puente Malihue
Puente Malihue

Junto al equipo de Lugares que Hablan nos propusimos recorrerlo íntegramente, comenzando en su desembocadura en el río San Pedro, hasta llegar a su afluente principal, el Enco, un pequeño y desconocido río donde el tiempo pareciera haberse detenido. Una travesía emocionante, llena de anécdotas, que quiero compartir con ustedes.

El Riñihue y toda la zona que lo rodea es un territorio puro, prístino y con una historia realmente magnífica. Algunos de sus capítulos, los más recientes, fueron escritos hace tan sólo algunas décadas y aún es posible conocerlos en voz de sus protagonistas.

Pero hay otra parte de esa historia, muchísima más antugua, que se remonta a decenas de millones de años y que, gracias al esfuerzo mancomunado entre un grupo de científicos y la comunidad local, hoy comienza a revelarse al mundo.

Fósil de hoja carbonizada
Fósil de hoja carbonizada

Herman Peña es ganadero y agricultor. Toda su vida la ha desarrollado en una de las riberas del San Pedro, río donde desagua el Riñihue. Conocedor como pocos de este hermoso afluente, en 2015 encontró una piedra que, en una de sus caras, tenía tatuada una hoja. Literalmente. Aunque en ese momento ignoraba la trascendencia de su hallazgo, intuía que lo que tenía en sus manos era algo importante, que merecía ser estudiado.

En la Universidad Austral de Valdivia lo recibió Ana Abarzúa, académica y presidenta de la Asociación de Paleontología de Chile. La investigadora no necesito demasiado tiempo para concluir que la piedra de Peña no era una piedra, sino un fósil. Después de una serie de estudios, la científica y su equipo comprobaron que se trataba de una hoja carbonizada de más de ¡23 millones de años!

Ana Abarzúa, paleontóloga Universidad Austral
Ana Abarzúa, paleontóloga Universidad Austral

Junto Ana y Herman, navegamos las tranquilas aguas del San Pedro para conocer el sitio exacto donde fue el hallazgo. No se trataba de un lugar cualquiera, me explicó la paleontóloga durante el trayecto. A diferencia de otros, este río corta la roca, dejando expuesta una formación conocida como “estrato”.

Estos estratos, dijo, están llenos de hojas que contienen una invaluable información que permite dar luces sobre cómo era el clima, la geografía y la vida en general del pasado.

Después de casi una hora de recorrido, donde tuvimos que adentrarnos y remontar un estrecho y corrientoso estero, atracamos frente a una cueva. Ana y su equipo aprovecharon la expedición para tomar muestras que más tarde estudiarían en los laboratorios de la Universidad Austral. Mientras limpiaba el terreno, la investigadora me explicó que, hasta ahora, han identificado 60 tipos hojas en casi 700 fósiles.

Cueva y fósiles en Valdivia
Cueva y fósiles en Valdivia

Todo este trabajo, sin embargo, hoy se encuentra en seriamente amenazado. Desde 2007, la empresa Colbún ha presentado numerosos proyectos para levantar una central de paso en una zona aledaña al Río San Pedro. Aunque hasta el momento sus esfuerzos no han prosperado, me explicó Ana, una eventual aprobación provocaría un impacto irreversible en todo el territorio.

Después de conocer a Herman, Ana y los increíbles tesoros del San Pedro, nos adentramos en el Enco, uno río de apenas 11 kilómetros de longitud, pero cuya historia reciente está estrechamente ligada a los pocos habitantes que aún viven junto viven en su ribera. Allí, por donde antes pasaban balsas con madera, hoy lo hacen embarcaciones con turistas que admiran la belleza de este lugar.

Río Enco
Río Enco

Hasta hace no mucho tiempo, el motor productivo de esta zona fue la industria forestal. Entre 1971 y 1988, el Complejo Forestal y Maderero Panguipulli administró cerca de 360 mil hectáreas, generando empleo para más de dos mil personas.

Fueron más de 3600 familias dispersas en 21 localidades, verdaderos pueblos que contaban con todo tipo de servicios, como almacenes, escuelas y maestranzas. Con el cierre de la empresa, las familias debieron salir y buscar un futuro en otras zonas de la región.

Navegando el Río Enco
Navegando el Río Enco

Así, el Enco fue llenándose de polvo hasta pasar al olvido. Sin embargo, desde hace algunos años un grupo de vecinos decidió recuperar la historia del que fue su hogar. Y lo hicieron a través del turismo. Cristián Espinoza, un emprendedor local, descubrió que el río reunía las condiciones para desarrollar actividades como rafting y kayak. Lentamente, este lugar fue ganando popularidad y hoy es un destino recurrente para los amantes de este tipo de deportes.

Junto a Cristián y un grupo de ex vecinos desafiamos las caudalosas aguas del Enco que, dicho sea de paso, es el conector natural los lagos Panguipulli y Riñihue. Víctor Rivas, otrora administrador la maestranza del pueblo, fue mi compañero en esta aventura. Volver a navegarlo fue una experiencia emocionante, cargada de nostalgia, que le permitió revivir una de las mejores épocas de su vida.

Víctor Rivas, trabajó en el complejo maderero de Panguipulli
Víctor Rivas, trabajó en el complejo maderero de Panguipulli

Nuestro último destino fue el Riñihue. Mucho antes de convertirse en uno de los balnearios más exclusivos de la región de Los Ríos, con hermosas casas de veraneo que adornan su ribera, durante décadas este lago estuvo prácticamente despoblado. Sólo existía una comunidad, Flor del Lago, que, a pesar de la debacle de la industria forestal, logró sobrevivir y hoy busca germinar a través del turismo.

Flor del Lago
Flor del Lago

Los hermanos Samuel y Óscar Elgueta me recibieron en la playa de Flor del Lago. Con ellos recorrí el balneario y participé de la construcción de un portal de piedra con el que los vecinos buscan atraer a los visitantes que durante los meses de verano se dejan caer en masa.

Samuel Elgueta
Samuel Elgueta

Mientras trabajábamos en la obra, sus habitantes me hablaron de sus sueños y esperanzas. También me contaron lo difícil que ha sido para ellos resistir la tentación de vender sus terrenos a la industria inmobiliaria.

Después de inaugurar el portal, Samuel mi invitó a compartir con su familia. Viviana, su esposa, me recibió con calidez y hospitalidad. Me contó que, a pesar de tener tan sólo 34 años, ya tenía una nieta, a quien cuidaba con devoción. Allí también conocí a Sarita, la hija menor del matrimonio, una adorable niña de seis años cuyo sueño era ser exploradora.

Junto a ella y al resto de la familia, navegamos el Riñihue para conocer otro de los tesoros de este lago: la “Meada de la Yegua”, un impresionante salto de agua que me estremeció por su belleza y que fue el corolario de mi hermosa aventura por esta  mágica zona de la región de Los Ríos.

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