• Menú
  • Menú
En primera persona: Los tesoros del Maule

En primera persona: Los tesoros del Maule

No me canso de repetirlo: Chile esconde tesoros en todos los rincones de su extenso territorio. Independiente de las veces que visites un lugar: siempre puedes descubrir algo nuevo que hará de tu estadía una experiencia diferente.

Justamente eso fue lo que viví en mi último viaje en la región del Maule. Junto al equipo de “Lugares que Hablan” nos planteamos un objetivo distinto: retratar la geografía humana que da vida e identidad a este tradicional territorio de la zona central.

Mapa de la región del Maule

Una travesía en la que prescindiríamos de volcanes, bosques milenarios y glaciares, pero que a cambio nos permitiría descubrir otro tipo de riqueza: ¡su gente!, que no olvida a quienes hicieron productiva esta tierra antes que ellos.

Nuestra búsqueda comenzó en la comuna de Parral, específicamente en Mantual, lugar donde se produce la mayor cantidad de arroz a nivel nacional. En una zona de la agroindustria ha cambiado el paisaje y muchas de sus antiguas tradiciones, conocimos a un grupo de vecinos que aún practica la siembra de este cereal tal como lo hicieron sus antepasados, hace más de un siglo.

Leonardo Hernández y Edith Poblete fueron mis anfitriones. Junto a ellos, tuve la oportunidad de participar de una siembra comunitaria y conocer todo el proceso asociado a esta faena.

Leonardo Hernández, agricultor de Mantul
Leonardo Hernández, agricultor de Mantul

Mientras nos preparábamos para la actividad, Leonardo compartió conmigo parte de su pasado, una historia dolorosa que le ha tomado casi toda vida sanar. Me contó que, luego de la muerte de sus padres, llegó a Mantual a la edad de dos años y que creció bajo el cuidado de sus tíos.

Leonardo Hernández y Edith Poblete
Leonardo Hernández y Edith Poblete

A pesar del cariño prodigado por ellos, nunca pudo llenar el vacío de la pérdida. Comenzó a beber a muy temprana edad y tocó fondo hace un par de años, cuando sufrió un grave accidente mientras montaba su caballo bajo los efectos del alcohol.

Estuvo internado por más tres meses en un hospital, batiéndose entre la vida y la muerte. Esa traumática experiencia lo empujó a cambiar. Desde entonces, todos días lucha por mantener a raya sus impulsos.

Edith fue quien me guió durante la faena de siembra. Lo primero que tuvimos que hacer fue abrir la tierra con un arado impulsado por un caballo. Aunque a primera vista la actividad parecía sencilla, mantener al animal siguiendo una misma dirección no fue miel sobre hojuelas.

Pancho Saavedra trabajando en la siembra

Terminada esa primera etapa, comenzamos con el “rastroneo”. Conocido también como el “mata sapos”, esta actividad consiste en machacar la tierra con los pies descalzos después de llenar de agua los surcos donde se depositan las semillas, que son lanzadas con al voleo con una poncha adosada al cuerpo. Sentir el lodo en mis pies fue una sensación maravillosa, que me transportó a los juegos de infancia al aire libre.

Rastroneo en la región del maule

Este viaje al pasado no podía estar completo sin una trilla de arroz: una máquina estacionaria de 1959 y “Monchito”, un tractor comunitario que desde 1957 forma es fundamental en todas las faenas campesinas.

Dejamos Mantual y avanzamos en dirección oeste hacia nuestro siguiente destino: la comuna de Cauquenes, puntualmente la localidad rural de Pilén. Allí, tendría la fortuna de conocer otro tesoro de la zona. Pero uno de verdad, de carne y hueso.

Las “Loceras de Pilén” es una agrupación formada por 16 mujeres de esa localidad. Herederas de una técnica con más de dos siglos de historia, estas alfareras no sólo han preservado una de las expresiones culturales más emblemáticas de la región. Gracias a su talento y esfuerzo, también pusieron en el mapa a este pequeño caserío, convirtiéndolo en una zona de interés turístico.

Las Loceras de Pilén
Las Loceras de Pilén

Nuestro encuentro fue un predio cercano a Pilén. Allí, me esperaban Trinidad, Delfina y Benedicta, las artesanas más experimentadas del grupo quienes, a punta de picotas y machetes, extraen la materia prima con la que elaboran sus piezas.

Mientras escarbábamos la tierra en busca de la greda, Trinidad me explicó que, gracias a este oficio, muchas mujeres de Pilén han encontrado un sentido a sus vidas y también independencia económica, algo no muy usual en los campos de nuestro país.

Las “Loceras de Pilén” es un grupo diverso y abierto, con mujeres de todas las edades. Delfina es la mayor y, a sus 83 años, se siente completamente vigente. Bella, Carolina y Teresa, las más jóvenes, son las encargadas de transmitir su conocimiento a las nuevas generaciones.

Señora Trinidad, Locera de Pilén
Señora Trinidad, Locera de Pilén

El trabajo de las loceras sigue una técnica antiquísima, que prescinde de torno y otras herramientas para convertir la greda en hermosas piezas. Después de la extracción de la arcilla, el primer paso consiste en ablandar la tierra.

Para esto utilizan un combo de madera y un cernidor para filtrar el polvillo más puro. Con la masa blanda, las alfareras comienzan un largo proceso donde sus prodigiosas manos se convierten en finos cinceles. Para dar color a la pieza, las mujeres utilizan una tinta natural elaborada con tierra roja, la cual es reforzada con guano de animales mientras se exponen al fuego.

Pancho Saavedra sacando greda

El invaluable talento de las esforzadas Loceras de Pilén tuvo su reconocimiento en 2012, cuando la UNESCO las declaró Tesoros Humanos Vivos, un galardón reservado exclusivamente para quienes conservan y promueven el patrimonio de nuestro país.

Loceras de Pilén trabajando la greda
Loceras de Pilén trabajando la greda

Con el corazón lleno después de compartir con las Loceras de Pilén, seguimos recorriendo el Maule más profundo y desconocido. Quilicura, una pequeña localidad rural de la comuna de Pelluhue, fue el destino final de esta travesía, donde tuve la suerte de disfrutar de otro de sus tesoros: sus dulces y jugosas frutillas, consideradas una de las mejores de nuestro país.

Luis Manriquez, agricultor de Quilicura
Luis Manriquez, agricultor de Quilicura

Eliseo, Pedro, Marianela y Luis Manríquez fueron mis anfitriones en una minga de siembra, donde participaron todos los vecinos de Quilicura. Mientras picoteábamos la tierra, me contaron que la producción de este fruto comenzó hace un par de décadas, cuando una mujer de Melipilla, de visita en la región, recorrió los campos ofreciendo frutillas.

Pedro Muñoz, agricultor de Quilicura
Pedro Muñoz, agricultor de Quilicura

El padre de Luis vio ahí una gran oportunidad y el resultado está a la vista. Hoy quieren que las frutillas que producen tengan denominación de origen.

Marianela Leal, agricultora de Quilicura
Marianela Leal, agricultora de Quilicura

Pero producir frutillas en Quilicura no simple. Además de la prolongada sequía que afecta ésta y otras regiones del país desde hace décadas, los agricultores deben controlar las heladas de la costa. Por eso, apenas terminan de sembrar, las plantaciones son cubiertas por mantas de plástico, que regulan la temperatura y también aprovechan el agua de la vaguada costera.

Cosecha de frutillas en Quilicura
Cosecha de frutillas en Quilicura

Cuando pregunté cuál era el secreto que hacía de estas frutillas un producto tan demandado tanto en Chile como en el extranjero, los agricultores me llevaron hasta un escondido manantial, un verdadero oasis escondido entre los cerros. Esa agua, cristalina y pura, me explicaron Luis y Marianela, era la respuesta a mi pregunta.

Al regresar al campo donde se realizaba la siembra, la comunidad nos esperaba con una serie de preparaciones para que pudiéramos disfrutar de su tesoro más preciado. Un merecido premio después de la exigente faena.

Las frutillas más ricas de Chile
Las frutillas más ricas de Chile

Apenas introduje una frutilla en mi boca, comencé a sentir un dulzor intenso y envolvente. Su textura aterciopelada acarició mi paladar y su jugo, suave, espeso, refrescó mi garganta. El pulgar del Catador carecía de todo sentido. Las de Quilicura son las mejores frutillas que he probado en mi vida.

Regresamos a Santiago con una sensación distinta. Como les comenté al principio, en Chile los tesoros no sólo se esconden en la naturaleza. El alma de nuestro país reside en su gente que, con esfuerzo y pasión, cubre de humanidad nuestra larga y angosta faja de tierra.

Deja un comentario aquí

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

2 comentarios