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Imagen destacada de Pancho Saavedra en Taltal

En primera persona: Taltal, la desconocida costa de los Changos

Puede que su nombre no les resulte familiar, pero Taltal es uno los lugares más bellos del norte de Chile. Tuve la suerte de visitarlo en 2019 y mi experiencia, créanme, fue sencillamente extraordinaria.

Ubicada 230 kilómetros al sur de Antofagasta, la capital regional, esta pequeña y apacible ciudad costera, de poco más de 12 mil habitantes, goza de un clima generoso, hermosas playas, cielos prístinos y, por si fuera poco, un asombroso patrimonio cultural, con más de ocho mil años de historia.

Mapa de Taltal
Mapa de Taltal

Mis tres días en esta zona, que hasta antes del Guerra del Pacífico era el límite fronterizo con Bolivia, fue un viaje lleno de sorpresas, aprendizajes y aventuras, que quiero compartir con ustedes en esta crónica.

Lo primero que deben saber de Taltal es que hace aproximadamente ocho mil años por sus bellas playas circularon los changos, un pueblo de pescadores nómades, cuya historia está tatuada en las las quebradas cercanas al pueblo, hasta donde se dirigían para intercambiar productos con otras comunidades del interior.

Aunque los vestigios de ese período son escasos, sus habitantes, principalmente los más jóvenes, se identifican con esa cultura y, con el paso de los años, han aprendido a apreciar su invaluable legado.

Una de esas personas es Diego Cortez, un joven taltalino que, luego de cursar sus estudios universitarios en Antofagasta, decidió regresar a su tierra con el sueño de convertir Taltal en un destino turístico a partir del rescate y promoción su valioso patrimonio cultural.

Diego Cortez, guía turístico de Taltal
Diego Cortez, guía turístico de Taltal

Con ese objetivo en mente, desde hace seis años realiza expediciones en las profundidades del Médano, un complejo de estrechas quebradas donde, como ya les comenté, los changos algunos vestigios de su historia.

Diego me llevó hasta el punto que concentra el mayor número de pictogramas. Fueron cerca de dos horas de exigente caminata, primero bajo una densa neblina, conocida popularmente como la camanchaca, y luego bajo un sol aplastante.

Pictogramas de Taltal
Pictogramas de Taltal

No bien llegamos a nuestro destino, mi asombro fue mayúsculo. Imaginen estar encajonado entre enormes rocas con cientos de cetáceos, lobos de mar, peces, tortugas y camélidos del altiplano circulando frente a tus ojos.

Diego me explicó que allí no sólo se producía el intercambio de productos entre los changos y los pueblos del interior. También era un centro ceremonial. Aunque su data no estaba confirmada, se cree que las figuras tienen, por lo menos, 1500 años de antigüedad.

Pancho Saavedra observando los pictogramas de Taltal
Pancho Saavedra observando los pictogramas de Taltal

Casi tan sorprendente como los dibujos es el hecho de que, a pesar de su enorme valor histórico, son muy pocos los estudios que se han realizado en esta zona, por lo que su protección es inexistente. Justamente por eso el esfuerzo de Diego es fundamental. Gracias a su trabajo, este sitio se ha ido posicionando lentamente como un polo de interés científico.

Pero si hablamos de esfuerzo, la historia de Érika Donaire y su comunidad es digna de destacar. En Cachina, una localidad enclavada en los pies de la Cordillera de la Costa, sus habitantes decidieron torcer la implacable sequedad del desierto haciendo de la agricultura su principal fuente de ingresos. ¿Saben cómo lo lograron? Pues, cosechando las nubes.

Erika Donaire
Erika Donaire

Dice Érika que el aceite de oliva que se produce en su comunidad no sólo es de primer nivel, sino también único. Su afirmación, lejos de ser antojadiza, es ciertamente objetiva.

No son muchos los lugares en Chile donde el agua con el que se riegan los campos se obtiene gracias a los atrapanieblas, un ingenioso sistema de captación que, mediante mallas raschel dispuestas en zonas alturas, aprovecha la vaguada costera para nutrir de vida los árboles y las hortalizas que allí también cultivan.

Cosechando aceitunas

Mientras cosechábamos aceitunas, Érika me contó que, durante muchos años, los terrenos de la comunidad sólo sirvieron para acumular basura. Todos los días llegaban camiones a descargar toneladas de desperdicios. La frustración de Érika era profunda, pero no había mucho que hacer al respecto.

Salvo ella, a nadie parecía importarle demasiado lo que pasaba en La Cachina. Un día, sin embargo, Érika comenzó a fantasear con la idea de convertir ese vertedero en campos de cultivo. Al comienzo, sus vecinos no se mostraron convencidos. Que esa pampa desolada llena de escombros pudiera dar frutos era una locura. Pero Érika sentía que no estaba equivocada. Sabía que de algún modo su sueño se podía hacer realidad.

Junto a técnicos de la municipalidad, Érika comenzó a aterrizar su idea. Fueron varios años de ensayos y pruebas hasta que un día un agrónomo interesado en su caso les propuso instalar atrapanieblas. El resto es historia.

Junto a Érika y el resto de la comunidad, recorrí la planta de procesamiento y también probé su producto. Su sabor era suave, fino, delicioso, al igual que su aroma. Antes de salir, me vi en la obligación de corregir a mi anfitriona. Estaba equivocada. Mirándola con seriedad, le dije que su aceite no sólo era único por la forma en que era elaborado.

Planta de procesamiento de aceitunas
Planta de procesamiento de aceitunas

Lo que lo hacía realmente distinto su producto a del resto, era la pasión con el que ella y sus vecinos lo fabricaban. Cada botella etiquetada era una lección de valentía y coraje. Después de todo, para florecer el desierto no sólo se necesita agua, sino también amor, esfuerzo y entereza.

Aceite de Oliva doña Ana
Aceite de Oliva doña Ana

La misma pasión es la que moviliza a Susana Rubio, una de las profesoras de la Escuela Paranal de Papaso, localidad costera ubicada casi una hora del centro de Taltal, y a quien conocí en mi segundo día en esa comuna.

Oriunda de la región de O’Higgins, la “Tía Susi”, como cariñosamente es conocida por todos, llegó hace más de una década hasta ese perdido pueblito nortino para cumplir con su vocación de educadora por un tiempo acotado y que, por esas cosas del destino, terminó echando raíces para siempre.

Profesora Susana Rubio
Profesora Susana Rubio

Amante de la naturaleza y de la vida silvestre, Susana implementó un programa de educación ambiental con los niños de la escuela que consiste en preservar las especies florales, muchas de ellas en peligro de extinción, que crecen en los alrededores del pueblo.

Con más entusiasmo que recursos, junto a los otros profesores levantaron un invernadero donde los alumnos cultivan las flores que meses más tardes trasplantan en los agrestes cerros que encajonan la bahía. Este proyecto, cuyo nombre es “Forjadores”, ha sido un excelente estímulo no sólo para los menores, quienes han aprendido a valorar y cuidar el entorno en el que viven.

Invernadero escuela Taltal
Invernadero escuela Taltal

Susana y sus alumnos me invitaron a recorrer los cerros de Paposo para conocer parte de su flora endémica. En un mirador conversé con Valentina, una encantadora niña cuyo gran sueño, como el de muchos chicos de su edad, era volar.

Mientras contemplábamos el paisaje, recordé que tiempo atrás en Antofagasta había tenido la oportunidad de surcar los cielos nortinos montado en un parapente. Sin que se diera cuenta, me acerqué a sus padres y les pregunté si estaban dispuestos a permitir que su hija hiciera realidad ese anhelo. Como era de suponer, me pidieron un tiempo para pensarlo.

Valentina Salas
Valentina Salas

A la espera de su decisión, junto al equipo nos trasladamos hasta Tatal para conocer a uno de sus personajes más emblemáticos. El “Rubio Pepe” es pescador, mariscador y un excelso buzo, con más de 30 años de trayectoria en caza submarina. En una zona donde este desconocido deporte es casi tan popular como el fútbol, este extrovertido taltalino es todo un referente.

Pero su admiración no sólo tiene que ver con el hecho de haber sido campeón nacional y haber representado a nuestro país en importantes torneos internacionales, sino también porque gracias a sus consejos y enseñanzas, muchos jóvenes han encontrado en esta disciplina la oportunidad perfecta para trazarse objetivos, metas y, lo más importante, salir adelante.

José Gómez, buzo y pescador de Taltal
José Gómez, buzo y pescador de Taltal

Mi encuentro con Pepe fue en pleno océano. Ese día, entrenaba junto a Katherine, una de sus hijas, quien ha seguido sus pasos y, en la actualidad, es una de las mejores exponentes de la caza submarina en nuestro país. Nuestra visita se produjo días antes del campeonato nacional de caza que, coincidentemente, se iba a realizar en Taltal.

Katherine Gómez, experta en pesca submarina
Katherine Gómez, experta en pesca submarina

El Rubio estaba emocionado. Que nos diéramos el tiempo de escuchar su historia, fue un premio a su esfuerzo y compromiso con los jóvenes de Taltal. Que su trabajo se diera a conocer a través de la televisión era lo mínimo que podíamos hacer por él.

Semanas después de conocerlo, Pepé me llamó para compartir una gran noticia: su hija había ganado el campeonato nacional y, con ello, el derecho de representar a Chile en un torneo en Italia.

Padre e hija
Padre e hija

Después de que los padres de Valentina me dieron el visto bueno para la sorpresa, me puse en contacto con Óscar, el instructor de vuelo con el que en 2015 sobrevolé la Portada de Antofagasta en parapente. Aceptó gustoso mi invitación. Hizo un espacio en su agenda y, a la mañana siguiente, figuraba conmigo en la entrada de la casa de Valentina.

Aún recuerdo el brillo en los ojos de Valentina cuando supo que iba a cumplir su más preciado sueño. Fue un momento mágico, tanto como cuando la vi saltar junto Óscar desde el mirador, para luego contemplar su grácil vuelo justo en el momento en que el sol comenzaba a esconder en el mar.

Susana cumplió su sueño

Visitar Taltal fue una experiencia estimulante, llena de anécdotas e historias que voy a llevar conmigo siempre. Esta aventura volvió a demostrar que Chile es un país de una extraordinaria riqueza geográfica, cultural, pero por sobre todo humana.

Un vuelo inolvidable
Un vuelo inolvidable

Ah… y lo más importante: que, con pasión y ganas, los sueños se pueden hacer realidad. Sólo hay que atreverse.

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