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Imagen destacada de Marchigue

Marchigue

Cierta vez, un amigo extranjero de visita en nuestro país, me preguntó si la “chilenidad” de la que tanto había oído hablar realmente existía o bien se trataba simplemente de una caricatura que se hacía presente durante las fiestas patrias. Le expliqué que, si bien muchas de las expresiones del mundo rural con el tiempo se habían distorsionado, aún existían lugares donde las tradiciones campesinas formaban parte de la cotidianeidad de su gente. En ese momento recordé que, a menos de tres horas de Santiago, había un pequeño pueblo donde las tradiciones se vivían a concho, los 365 días del año: Marchigue, el “pueblo de los molinos”. Si lo visitas, le dije, no te arrepentirás.

Sobre Marchigue

Marchigue es un pequeño pueblo que forma parte de la Provincia de Cardenal Caro. Enclavado en el último tramo del Valle de Colchagua, en una zona conocida como secano costero, lo separan 136 kilómetros de Rancagua, la capital regional. Apacible y silencioso, allí más del 70% de su población reside en sectores rurales, lo que explica por qué, en pleno siglo XXI, muchas de sus tradiciones se mantengan vivas.

Ancestralmente fue habitado por los chiquillanes, un pueblo de recolectores nómades que circulaba por toda la zona central del país. Pero la herencia campesina encuentra su origen durante los primeros años de la colonia.

Cómo es Marchigue

No exagero cuando digo que Marchigue es todo lo que se viene a tu mente cuando escuchas la palabra campo. Su gente es apacible y espontánea. Allí no existe la prisa y siempre hay tiempo para conversar. Recorrer el pueblo es echar un vistazo al pasado. La mayoría de las casas conserva su diseño colonial, con gruesas paredes de adobe, tejas de arcilla y corredores continuos, al igual que sus edificios tradicionales, como la iglesia y la plaza de armas.

Aunque su clima es más seco que otras zonas de la región, desde hace algunos años la producción vinífera ha crecido sostenidamente, lo que ha teñido de verde el paisaje gran parte de su superficie. Los entendidos en la materia, afirman que los vino de Marchigue son especiales gracias la brisa marina que proviene del Océano Pacífico y a sus suelos arcillosos. No es casualidad que Taita, uno de los vinos más caros de Chile, sea originario de esta comuna.

Pero Marchigue, como les adelanté, no sólo es reconocido por su excelencia en la producción de vinos. En Marchant, un caserío cercano al pueblo, la chicha y el aguardiente se elaboran con técnicas ancestrales y forman parte de la identidad local.

El canto a lo divino, una tradición religiosa que consiste en memorizar e interpretar pasajes bíblicos en forma de décimas acompañado de un guitarrón, encuentra en este lugar a decenas de exponentes, que traspasan su conocimiento de generación en generación. Sus artesanos son reconocidos en todo Chile gracias a su alfarería y talabartería. El tradicional estuche donde se envaina la parranonia, cuchillo indispensable para todas las faenas agrícolas, se labra en este lugar, al igual que las monturas y aperos, que son un icono de la zona.

Otro sello de la comuna son sus molinos de viento. Durante décadas fueron el principal medio para extraer el agua con el que regaban los campos. Cada casa tenía al menos uno. Si bien su uso fue decayendo paulatinamente con el correr de los años, un grupo de vecinos, consciente de su valor histórico y patrimonial, decidió implementar un plan para recuperarlos.

Atractivos de Marchigue

Como les comenté en el encabezado de la nota, visitar Marchigue es empaparse de las costumbres más típicas del campo. Antes de probar su exclusivo vino, debes visitar Marchant para conocer cómo se fabrica artesanalmente la chica y el aguardiente. Pregunta por Jaime Gutiérrez, uno de los cultores más emblemáticos, quien te mostrará todo el proceso.

Aunque es una tradición más reciente, el vino de esta zona es reconocido por su excelencia. Viñas como Concha y Toro y Calcu regularmente ofrecen visitas guiadas a sus instalaciones. Recorrer sus cultivos, conocer el proceso de producción y terminar con una degustación en el atardecer, es una experiencia que debes regalarte.

Las parroninas más utilizadas en el campo de la zona central se elaboran en Marchigue. Luis Cerón, un reconocido talabartero del pueblo, es la persona a quien debes visitar para conocer cómo se elaboran y para que haga una a tu medida.

La arcilla de Marchigue es especial. Y los alfareros de esta comuna lo saben. En el centro de pueblo hay tiendas donde sus fabricantes exponen y comercializan su trabajo. Visítalas. Te vas a llevar una grata sorpresa.

Recomendaciones

Marchigue es un destino que puedes visitar durante un día. Mi recomendación es que organices una visita de dos o tres días y recorras las comunas que forman parte de la Ruta del Vino. La mejor alternativa es que fijes como centro de operaciones Santa Cruz, una comuna que ha crecido cuantitativamente en los últimos años gracias al turismo. Allí hay hoteles, hostales e incluso un casino.

Clima de Marchigue

Marchigue posee un clima mediterráneo. Los veranos son calurosos y secos, con una temperatura promedio de 23C°. Durante los meses de invierno, la media es de 14 C°.

Dónde está Marchigue

Marchigue se ubica en la provincia de Cardenal Caro, en la región de O’Higgins. Forma parte de la Ruta del Vino del Valle de Colchagua. Son 182 los kilómetros que separan esta comuna de Santiago, que en tiempo de viaje se traduce aproximadamente en dos horas y 30 minutos. La forma más expedita para llegar es tomar la Ruta 5 sur hasta llegar a la ciudad de San Fernando. Allí debes doblar hacia el poniente y seguir por la Ruta 90.

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