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Pancho Saavedra en crucero Skorpios

Yo recomiendo: El Crucero Skorpios y la Ruta de los Chonos

No sé si fue a los 10 o 12 años cuando escuché hablar por primera vez sobre la Laguna San Rafael. En mi memoria tengo la imagen de un lugar mágico, de grandes bloques de hielo flotando en el agua y monumentales glaciares dominando un paisaje profundamente blanco, frío y desolado.

Quienes habían tenido el privilegio de llegar hasta allá, decían que difícilmente volverían a conocer un lugar tan bello como ése y que, si pudieran regresar, no lo dudarían un solo segundo.

Pancho Saavedra en la ruta chonos

Recuerdo que San Rafael deambuló en mi mente durante algún tiempo y se convirtió en una inocente e infantil obsesión. Por eso, cuando casi 30 años más tarde me enteré que junto al programa iríamos hasta ese recóndito paraje de Chile a bordo del mítico crucero Skorpios, me costó creer que fuera cierto.

Como pueden imaginar, mis expectativas eran altísimas y mi entusiasmo, contagioso. Salimos desde el Aeropuerto de Santiago de madrugada y aterrizamos en la bella ciudad de Puerto Montt. Allí, fuimos recibidos por personal de Cruceros Marítimos Skorpios, la empresa de la familia Kochifas, que desde 1976 realiza excursiones turísticas por los canales y fiordos patagónicos, teniendo la Laguna San Rafael como el destino final de una travesía en la que, desde el preciso instante en que abordas la montonave, la naturaleza se manifiesta en su estado más puro y salvaje.

Zarpamos justo al mediodía. Mientras nos alejábamos lentamente de Puerto Montt y avanzábamos en dirección sur por los canales del archipiélago de Llanquihue, aproveché el tiempo para recorrer las instalaciones de este el mítico crucero.

Pancho Saavedra en la Laguna San Rafael

Construido en 1988, el Skorpios II tiene una longitud de 70 metros, una maga de 10 y un calado de 2,87 metros. Fue completamente remodelado en 2010 y cuenta con capacidad para albergar hasta 106 pasajeros.

Dividido en cinco cubiertas, el barco dispone de habitaciones dobles espaciosas y cálidas, un gran comedor, dos salones de bar y amplias terrazas para contemplar el paisaje.

Imagen del crucero Skorpios II

Nos adentramos en el Golfo de Ancud y navegamos por cerca de cuatro horas. Nuestra primera para fue en Quemchi, una comuna ubicada al norte de la Isla Grande de Chiloé. Allí, tuve la suerte de reencontrarme con algunos amigos que había conocido en mis viajes anteriores, con quienes me puse al día.

Junto a la tripulación y al resto de los pasajeros, recorrimos este encantador pueblito de calles estrechas y de casas revestidas con tejuelas de alerce. Después de conocer el hermoso trabajo de las artesanas, disfrutamos de un genuino curanto al hoyo, una de las tradiciones culinarias más fascinantes del sur de Chile.

Después de disfrutar de una extraordinaria cena preparada por los chefs del crucero, dejamos atrás el Golfo de Corcovado y nos adentramos por los canales patagónicos.

Equipo de Lugares Que Hablan en la Ruta Chonos

A primera hora de la mañana atracamos en Puerto Aguirre, un pueblito de pescadores artesanales enclavado en una de las islas del Archipiélago de los Chonos. Recorrimos sus calles, compartimos con sus habitantes y nos internamos por un sendero que cruzaba un bosque exuberante hasta llegar a la cima de un mirador. Desde allí, puede contemplar la enmarañada geografía patagónica.

Decenas de canales y fiordos formando un gigantesco puzzle difícil de describir en palabras. Unas horas más tarde, volví a sentir algo parecido al desembarcar en las inmediaciones del Islote Barrientos, un conjunto de rocas donde habita la mayor cantidad de aves marinas de la región de Aysén.

Pancho Saavedra viajando en el Crucero Skorpios II
Pancho Saavedra viajando en el Crucero Skorpios II

Sumidos en un silencio sigiloso, contemplamos cormoranes imperiales, liles y gaviotas conviviendo armoniosamente con una nutrida colonia de lobos marinos de dos pelos. Un verdadero paraíso para los fotógrafos y espectáculo para quienes amamos la naturaleza más pura.

A eso de las seis, después de disfrutar de un coctel de media tarde, zarpamos hacia Punta Leopardo, la última escala antes de llegar hasta ese lugar que rondaba mi mente desde la infancia: la mítica Laguna San Rafael.

Pancho Saavedra en los glaciares de Chile

Esa noche, como era de esperar, dormí poco. La ansiedad por llegar hasta San Rafael era tanta, que pasé gran parte de la madrugada recorriendo el Skorpios. La noche era tan oscura, que era imposible ver más allá de la cubierta. El frío era intenso, pero no lo suficiente como para empujarme a alguno de los salones.

Junto a un turista británico, que estaba tan expectante como yo, cruzamos algunas palabras. Recuerdo que, en un castellano bastante fluido, me dijo que llevaba muchos años visitando Sudamérica y que ésta era su tercera visita al país. “Chile es un paraíso. Son unos privilegiados de vivir acá”, dijo con sincera emoción.

A las siete y media de la mañana, después de desayunar algo liviano (estaba demasiado nervioso para comer), el Skorpios se internó en la rada San Rafael y el Canal Témpanos. A eso de las nueve, entramos a la laguna y fondeamos a dos kilómetros del Glaciar. Nos montamos en botes a motor y comenzamos una excursión cuyo recuerdo me acompañará por el resto de mi vida.

Pancho Saavedra y el catador en la Ruta Chonos

Navegar sorteando enormes bloques de hielos milenarios, de tonos multicolores, es una experiencia mucho más fascinante de lo que había imaginado a los 10 o 12 años. Aún con la piel erizada por la emoción, regresamos al crucero y poco después nos acercamos hasta el glaciar, donde pudimos contemplar su colosal belleza y ser testigos de un impresionante fenómeno natural: ver el desprendimiento de una gran masa de hielo de la gigantesca pared blanca.

Con la fortuna de nuestro lado, celebramos ese acontecimiento brindando con un vaso de whisky con un trozo de ese mismo hielo en su interior. Jamás volveré a probar algo igual.

Pancho Saavedra y el crucero Skorpios II

Con uno de mis grandes anhelos hecho realidad, emprendimos el retorno con Dalcahue como destino de desembarco. Como corolario de esta gran experiencia, antes de internarnos por los canales Morealeda y Pérez Norte, a la mañana siguiente descendimos en Punta Quitralco, donde disfrutamos de un baño termal, que me sirvió para recuperar energías y reflexionar sobre lo que acababa de vivir.

¿Si me preguntan si volvería a repetir esta travesía sobre el Skorpios II? Mi respuesta es un SÍ con mayúsculas. Aunque las palabras estén demás, debo decir que sí, Yo recomiendo dejarse llevar por esta aventura.

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